Debemos asumir la responsabilidad por haber permitido la continuidad del reclutamiento de menores de edad durante los años de negociación.

Desde el Estado, como sociedad y como país, debemos asumir la responsabilidad por haber permitido y aceptado la continuidad del reclutamiento de menores de edad durante los años de negociación, sin que se se hubieran entregado los niños. La responsabilidad política y social, implica hacer un acto de contrición por hacer empoderado a la mayor fuerza organizada de destrucción contra nuestra niñez. Pero además, por facilitar que dicha fuerza hoy continúe sin vergüenza insultando a los colombianos con las más ofensivas manifestaciones hacia los colombianos por burlarse de frente y sin ruborizarse, de su trama criminal, en donde los niños han sido sus principales víctimas.

Con la propósito de sanar tanto daño causado en cuerpo y corazón, se debe crear un Programa Especial de Atención Psicosocial que desarrolle procesos de resiliencia, para atender a quienes fueron víctimas del reclutamiento en menores de edad, por parte de las Farc.

Con base en datos de las Naciones Unidas, en todo el mundo hay 300.000 niños y niñas que participan en conflictos armados. De ellos aproximadamente el 5% son niños colombianos, de los cuales aproximadamente el 70 % han sido reclutados por las Farc.

Desde este espacio, hemos reiterado la existencia de cientos de testimonios de jóvenes,  que están en manos de autoridades como la Fiscalía, Defensoría del Pueblo, Procuraduría, ICBF y Tribunales de justicia, que corroboran las crueldades y atrocidades vividas por los niños reclutados, y que sabemos pueden seguir generando daño individual, familiar y colectivo, si quienes vivieron las atrocidades no son acogidos y atendidos adecuadamente por un programa especial, ajustado a las particularidades e individualidades de su condición de víctimas del bestial reclutamiento.

Fue bajo un sistema de esclavitud, tortura, violaciones sexuales y físicas, malos tratos, abusos, adiestramientos violentos para preparar acciones de combate y en general todo tipo de actividades de ofensiva, operaciones de inteligencia y narcotráfico, como crecieron miles de niños, como principal instrumento para ampliar militarmente su accionar vandálico.

Los niños y niñas más vulnerables, específicamente indígenas, afrodescendientes y de zonas de extrema pobreza, han sido las principales víctimas de la práctica sistemática del reclutamiento, obviamente con un daño humando enorme, que ha dejado huellas que aunque indelebles, deben ser tratadas por especialistas para intentar curar y sanar física, emocional y espiritualmente, el enorme daño en cada ser humano víctima del patrón violento de reclutamiento que organizaron las Farc y todos los grupos violentos.

El daño socio afectivo en la forma de relacionamiento del menor de edad reclutado, es profundamente grave y debe atenderse a través de un proceso de resocialización para intentar reconstruir para ellos, la posibilidad de que puedan aprender a vivir nuevamente en sus familias y en sociedad. Lograr procesos adaptados positivos de comportamiento frente a su núcleo familiar y social, debe ser el propósito central de un programa especializado, organizado por el Gobierno Nacional, para atender a todos y cada una de las personas que como niño fue reclutado por las Farc, para garantizar un avance positivo social, dentro del llamado proceso de paz que desarrolla el gobierno, frente a una realidad que ya vivimos en Colombia y que naturalmente debe ser atendida para intentar corregir los dañinos patrones impartidos por un sistema delictivo que debe hacerse responsable en el sistema penal nacional e internacional.

@ForerohElvira

Publicado: septiembre 4 de 2017