Hoy más que nunca tienen vigencia las palabras que en los años 60 del siglo pasado pronunció el dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado cuando denunció que la entonces naciente guerrilla de las Farc había establecido una serie de “repúblicas independientes” en el sur del país.

Pasaron más de 50 años desde aquella anunciación y hoy en uno de los departamentos más olvidados de Colombia, de manera silenciosa pero muy eficaz, las Farc –en trance de supuesta desmovilización- están montando un “Estado dentro del Estado”, como muchos de sus cabecillas han dicho, en tono desafiante y soberbio.

Desde que empezó la fase de concentración de guerrilleros, el Cauca ha registrado un incremento en los índices de violencia y acciones de terrorismo en distintos puntos del departamento.

Lo que preocupa a la comunidad, es que la Fuerza Pública está perfectamente maniatada por cuenta de las órdenes impartidas desde el alto gobierno, que de manera inaceptable voltea la mirada ante las acciones de terrorismo que se vienen cometiendo en el territorio caucano.

En los 6 meses que lleva este año, se han presentado 6 secuestros en la vía Panamericana. Los habitantes de Caldono, amedrentados por la presencia de milicianos, angustiados denuncian que nunca en la historia habían registrado un nivel de extorsiones como el que hoy se padece.

Los guerrilleros de las Farc ubicados en la denominada zona veredal de Caldono, salen de ésta, delinquen y regresan a su refugio con la tranquilidad de que las autoridades de policía no podrán ingresar para proceder a su captura.

En una oportunidad, la guardia indígena, exasperada con el accionar criminal de los guerrilleros, los enfrentó con palos y piedras, razón por la que los terroristas tuvieron que emprender la huida, dejando tirados sus fusiles, los cuales sirvieron de evidencia material para probar los actos criminales de las Farc contra la comunidad.

Con total tranquilidad, los facinerosos salen de su campo de concentración para pasearse amenazantes por distintas poblaciones y darles a entender a los habitantes que ellos son los que mandan.

El pasado 28 de mayo, en Miranda tuvo lugar el reinado y la fiesta local. Grande fue la sorpresa de los campesinos y de los policías, cuando llegó un grupo de guerrilleros armados hasta los dientes a integrarse al festejo. Como es de suponer, la Fuerza Pública, totalmente humillada, no pudo hacer nada para impedirlo. Los guerrilleros bebieron y se largaron del poblado cuando se les dio la gana.

En el Cauca, el que no cumple los mandatos de las Farc, termina fusilado, como le sucedió el 4 de mayo al conductor de transporte público, Guillermo Alberto Cruz, asesinado en la zona rural del municipio de Morales, o a doña Claudia Carvajal quien fue secuestrada por un comando de 3 guerrilleros en Pescador, el 13 de abril de este año.

En Bogotá, Santos y sus aliados políticos hablan de la llegada de la paz. Exhiben palomas blancas en las solapas de sus chaquetas y anuncian el “fin del conflicto”. Dicen que la paz lo vale todo y con eso justifican la entrega de la democracia al grupo terrorista Farc. Además de la democracia, la justicia también resultó sacrificada.

Los ciudadanos del Cauca aún se preguntan de cuál paz les habla el presidente, si desde que se firmó el ilegítimo acuerdo final, a sus comunidades volvió la extorsión, el secuestro y los asesinatos. El miedo campea por los distintos rincones de aquel olvidado departamento que, gracias a la supuesta paz de Santos, está ad portas de convertirse en una triste “república independiente”, con las mismas características de las que hace cerca de seis décadas previó el doctor Gómez Hurtado.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 5 de 2017