Al dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado no se le ha permitido descansar en paz. Desde el mismo instante en que fue ultimado frente a las puertas de la universidad Sergio Arboleda, se puso en marcha una brutal operación distractora para garantizar la impunidad.

Los beneficiados con el crimen, se han dedicado a mentir, a descalificar y minimizar la importancia y el peso específico que tenía el doctor Gómez. El siniestro exdirector del DAS, Ramiro Bejarano Guzmán llega al extremo inaudito y hasta vulgar, de aseverar que los editoriales del dirigente en El Nuevo Siglo no eran muy leídos y que, en cambio, había otros opositores que tenían mayor trascendencia. Como si la importancia e influencia de los líderes se fuera establecida por el número de personas que leen diariamente sus notas editoriales. 

Por su parte, Samper y Serpa, apoyados por un vulgar sicario moral -y hermano de un jefe del narcotráfico-, se han dado a la tarea de vender la tesis peregrina de que los descendientes de Álvaro Gómez Hurtado no están buscando que se establezca la verdad de los hechos, sino que pretenden recibir una multimillonaria indemnización.

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Es evidente la operación de desviación que hay detrás de la farsa llevada a cabo por los terroristas de las Farc que, sin más ni más, salieron a decir que esa banda fue responsable del crimen. 

Se valieron de su antigua aliada Piedad Córdoba, alias ‘Teodora Bolívar’ para ambientar la puesta en escena. Y no faltaron los incautos uribistas que creyeron que lo mejor que podía sucederles es que las Farc fueran responsabilizadas por la muerte de Gómez Hurtado.

Y todos: Farc, el liberalismo, Piedad Córdoba y los majaderos de uribismo que cayeron en la trampa, le hicieron el favor de la vida a los verdaderos determinadores del crimen, es decir Ernesto Samper, su ministro de Interior y socio de fechorías Horacio Serpa y otros alfiles del narcorégimen, precisamente cuando la fiscalía del doctor Francisco Barbosa se aprestaba a tomar decisiones de fondo respecto del asesinato, específicamente frente a Ramiro Bejarano Guzmán quien sería llamado a indagatoria en las próximas semanas. 

Para nadie es un secreto que las Farc odiaban a Gómez Hurtado. Era uno de sus enemigos más rutilantes, pero si en efecto esa banda terrorista hubiera estado detrás del crimen, ‘Tirofijo’ y sus secuaces habrían sacado provecho del mismo a través de su reivindicación. 

Después del magnicidio, vino el proceso del Caguán y ni una sola mención hizo la guerrilla sobre el particular. Es más, en el discurso de instalación de los diálogos, alias ‘Joaquín Gómez’ leyó un mensaje del jefe máximo de la banda criminal -Manuel Marulanda- en el que se hubo referencias directas a las posiciones críticas de Álvaro Gómez Hurtado contra las Farc. Se habló de los ataques del jefe conservador a las denominadas ‘repúblicas independientes’ de Marquetalia y hasta hubo quejas por unas gallinas y unos marranos que murieron durante los bombardeos  ordenados por el gobierno de Guillermo León Valencia a los cambuches de las Farc en el sur del Tolima. 

Ese cuento de la autoría del magnicidio de Gómez Hurtado por parte de las Farc no se lo cree nadie. No hay un solo informe de inteligencia militar de la época que apunte a esa hipótesis. Así mismo, el fiscal general samperista, Alfonso Gómez Méndez -quien también ha ayudado a encubrir a Samper y Serpa- quedó sorprendido con la supuesta confesión, pues la fiscalía jamás tuvo indicios de que la banda terrorista hubiera estado involucrada.  

Solo resta pedirle al fiscal general, Francisco Barbosa, que esté alerta y que no vaya a permitir que el asesinato de quien fuera uno de los hombres más importantes de la historia reciente de Colombia sea ‘lavado’ en la JEP, con el propósito de salvarle el pellejo a los responsables. Que nadie lo dude, porque así lo indican las evidencias. A Álvaro Gómez Hurtado lo mandaron a matar Ernesto Samper y Horacio Serpa; no las Farc. 

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 6 de 2020