Aunque todo es posible, no lo creo. No tengo la menor duda que los más interesados en mostrar al proceso de paz como un éxito deben estar reventándole el teléfono a Jesús Santrich para que regrese. Un regreso que se aleja a medida de que crecen los rumores de que ya cruzó la frontera hacia Venezuela, país cuyo régimen lleva años albergando a las cabecillas de las guerrillas colombianas para planear y mandar a ejecutar las acciones terroristas que han derramado sangre y lágrimas de nuestros compatriotas.

El novelón de Santrich comenzó cuando, finalizando el gobierno Santos, reventó la noticia de que el guerrillero y negociador del acuerdo había sido capturado por narcotráfico. En lo personal me sentí sorprendida, porque jamás me imaginé que después de haber logrado salir impune, con curules en el Congreso y encima con una justicia diseñada por las Farc, pudiese Santrich ser tan agalludo como para violar una de las pocas obligaciones que tenía: la de no reincidir. De haber sido  Santrich un delincuente cualquiera, hubiese sido extraditado inmediatamente, pero por formar  parte de la élite criminal de las Farc, su caso cayó en manos de la JEP. Este  tribunal, diseñado por Santos y las Farc a la medida de estas,  únicamente tenía que establecer si las reuniones que Santrich tuvo con Marín y con los que él pensaba eran sus socios mexicanos ocurrieron antes o después de firmado el acuerdo. Pasó mas de un año, cartas vinieron y fueron, otras se perdieron y finalmente la JEP le lanzó el primer salvavidas al decidir que no podían establecer si los actos ocurrieron antes o después de firmado el acuerdo. Remataron la decisión dándole  la garantía de no extradición y ordenando su liberación inmediata. Ese día nos llevamos la sorpresa de que en la puerta de La Picota, donde lo tenían detenido, lo estaban esperando agentes del CTI para recapturarlo para que su proceso siguiera ante  la justicia ordinaria con base  en la recepción de nuevas pruebas, que probablemente eran, entre otras,  el video que todos tuvimos la oportunidad de ver en el que el guerrillero  estaba negociando la venta de drogas. Después de unos días de drama protagonizados por Santrich, que inclusive supuestamente trató de suicidarse antes que enfrentar a la justicia, el Consejo de Estado le lanzó el segundo salvavidas al fallar que tenía derecho a su curul de congresista porque no había podido posesionarse como tal por fuerza mayor consistente en haber estado detenido. Fallo inusitado este, que fue seguido inmediatamente por la declaración de la Corte Suprema de Justicia de que asumía la competencia de, caso alegando que  Santrich era un aforado. Al no proferirle orden de captura, porque no era peligroso ni había riesgo de fuga, la Corte le lanzó un  tercer salvavidas que le permitió acudir al Congreso para posesionarse en medio del drama de carteles de congresistas que se resistían a que un narcotraficante pedido en extradición se sentara entre ellos. Lo más paradójico es que muchos de esos honorables congresistas fueron partícipes activos del conejo que le hicieron a la victoria del No en el plebiscito, y por ende causantes de estar en las que estamos…

Hago el  recuento de esta seguidilla de hechos nefastos con dos propósitos: el primero,  para mantener frescos los acontecimientos bastante confusos que han rodeado en caso Santrich, y segundo, para establecer que el mencionado guerrillero  se han roto los más básicos soportes de la legalidad y del estado de derecho con el único fin de  darle segundas, terceras y cuartas oportunidades a un delincuente. Sin embargo, es tal su grado de cinismo y perversidad que  ni siquiera por consideración a sus compañeros de armas ha sido capaz de aprovecharlas. Esos compañeros de armas y casi todos los defensores del acuerdo entre Santos y las Farc ante la evidencia de que Santrich prefiere poner sus intereses personales por encima de  la credibilidad en el proceso de paz ahora pretenden hacerlo ver como un criminal de tercera categoría y desvincular de la implementación del acuerdo el penoso episodio de su fuga y los antecedentes que la permitieron.

“Desantrichizar” el acuerdo, como les gusta decir, es una propuesta  difícil de digerir, porque Santrich gozó de gran protagonismo durante todos estos años y lo hicieron ver como el más virtuoso entre los bandidos. Esa estrategia es la señal de que son conscientes de que Santrich quizás, quizás, quizás, no regrese a enfrentar la justicia. Y si llegare a regresar esperemos que sea para verlo montado en un avión de la DEA y hacerle compañía a su camarada Simón Trinidad en una cárcel de los Estados Unidos.

@ANIABELLO_R

Publicado: julio 5 de 2019