Por fin salimos de una larga temporada electoral, agotante, polarizante y visceral. La consulta anticorrupción fue el final de un pulso político que se prolongó hasta llegar a macondianas preguntas a los ciudadanos a través de las urnas por temas que tienen esencia lógica, natural, sustancial, afines a la razonabilidad particular o colectiva. Al igual que en el plebiscito, esta consulta pretendió engañar a la gente con falsas banderas que tienen ocultos propósitos políticos y electorales. 

Al igual que con la paz, no creo que ningún ciudadano decente este contra el sueño de vivir en paz, en armonía. De igual forma sucede con el tema de la corrupción, ¿Quién no quiere que no se roben los presupuestos del PAE, de la salud, de la educación, del agro?  Las diferencias con los promotores de estas consultas siguen siendo las mismas: su forma más no su fondo. 

La consulta anticorrupción tenía un propósito, ser motor para impulsar al candidato presidencial del Partido Verde. Los tiempos y los momentos políticos impidieron la consolidación de ese cálculo estratégico que de haberse cumplido estaríamos en presencia de otro Presidente. Ahora conocemos la realidad electoral de la consulta: no logro el umbral que disponía la Ley que regla la participación ciudadana.

Más allá de la soberbia de sus promotores al pretender impartir ordenes al Presidente de la Republica, estamos en el momento histórico que nos indica respaldar al Presidente Duque en sus iniciativas legislativas que buscan reformas para endurecer la lucha contra la corrupción que afecta el patrimonio público. La lucha contra la corrupción va más allá de la consulta, implica un deber para los ciudadanos, para que asuman con responsabilidad las futuras elecciones regionales para que elijamos gobernadores y alcaldes honorables, capaces de asumir retos que involucren dar pasos gigantescos para saltar y no seguir en lo mismo y en las mismas en las regiones. 

Los promotores de la consulta también deben entender que no pueden seguir utilizando el insulto, el agravio, la satanización pública contra quienes no compartimos sus formas de instrumentalizar mecanismos democráticos como el que acabamos de presenciar para buscar propósitos electorales particulares como los que tiene la exsenadora Claudia López y el Partido Verde. 

Pasemos la página, rememos en la misma dirección sin pretender apabullar o sacar del rin político y electoral al adversario que no comparte visiones o lecturas de la vida nacional. Interpretar un querer nacional que no tiene color político o ideológico como la batalla contra la corrupción, para interpretarlo como una derrota del Presidente Duque y del uribismo es lo que los lleva a verdaderas derrotas como la que acaban de sufrir. 

Para cerrar este debate, finalizó trascribiendo trino del Padre, Juan Álvaro Zapata: “No habrá más corrupción cuando se formen Familias honestas, cuando se den normas a los hijos, cuando haya más disciplina en las casas y en los colegios, cuando se deje el engaño del libre desarrollo de la personalidad, cuando se deje tanta permisividad, cuando vivamos con valores”. 

@LaureanoTirado

Publicado: agosto 27 de 2018