Inaceptable que medios de comunicación, como revista Semana, se refieran a los facinerosos de las Farc como “veteranos” de guerra.

Se ha dicho hasta la saciedad que los medios de comunicación juegan un papel de primera línea en la reconstrucción de la paz en nuestro país. No en vano, la gran mayoría de los grandes medios –con poquísimas excepciones- se convirtieron en militantes decididos, abiertos  y a veces descarados de la causa del SÍ en el plebiscito que tuvo lugar el pasado 2 de octubre, el cual fue convocado para que fuera la ciudadanía la que aprobara o improbara el acuerdo celebrado entre Santos y la banda terrorista de las Farc.

Emisoras de radio, llegaron al extremo de implantar palomas blancas de la paz en sus respectivos logotipos y las páginas de información y opinión de los grandes periódicos se llenaron de crónicas y columnas en las que por un lado se exaltaba la “llegada de la paz después de medio siglo de guerra” y por el otro se desdibujaba a la oposición democrática, calificándola como enemiga de la paz.

A pesar de la arremetida mediática, acompañada por ríos de dinero que el gobierno hizo correr por las salas de redacción, cabinas de radio y sets de noticieros con pauta oficial a favor del SÍ, la mayoría ciudadana, que gracias a la irrupción de nuevas expresiones y medios de comunicación ya no se deja manipular por esas “grandes” casas editoriales, concurrió a las urnas para votar en contra del acuerdo, que no de la paz.

Desde el momento mismo en que el proceso de La Habana entró, al decir de la hípica, en tierra derecha, algunos medios se han dedicado a reescribir la historia de las Farc, para efectos de mostrar a los integrantes de esa banda narcotraficante como unos simples políticos que se vieron forzados a utilizar las armas.

Colombia jamás tuvo un régimen dictatorial, cerrado y excluyente, como lo quieren mostrar los militantes de la extrema izquierda. Si la democracia de nuestro país tuvo dificultades fue, precisamente, por cuenta del asedio del narcotráfico y del terrorismo.

Mientras en la región imperaban regímenes militares, acá se logró mantener el sistema de gobierno democrático. Cuando la izquierda quiso organizarse y buscar el poder a través del favor popular, se dieron todas las garantías para que lo hiciera. El resultado fue evidente: durante 12 años consecutivos la izquierda gobernó a Bogotá. Si el resultado fue catastrófico, esto se debió a la corrupción, improvisación, populismo e ignorancia de los alcaldes que el denominado Polo Democrático llevó al Palacio Liévano.

Durante el gobierno del presidente Uribe, se hizo un exitoso proceso de paz con los grupos de autodefensa. Gracias a ese esfuerzo, se logró desactivar esas estructuras que operaban a lo largo y ancho de la geografía nacional. Paralelamente, el congreso aprobó una ley en la que se acordó la imposición de un beneficio jurídico –no de impunidad- para los responsables de los crímenes de lesa humanidad. En tal virtud, esas personas recibieron la condena prevista por el código penal y, paralelamente, se les concedía una pena alternativa de entre 5 y 8 años de prisión efectiva.

Los desmovilizados de las AUC, como debe ser, quedaron inhabilitadas para ocupar cargos públicos o someter sus nombres a cualquier elección popular. Los máximos responsables, terminaron extraditados.

En el caso de las Farc, cuya cúpula está integrada por narcotraficantes con cuentas pendientes en los Estados Unidos, no solo por delitos relacionados con estupefacientes, sino por secuestro y homicidio, Santos, con el aplauso de los grandes medios, ha garantizado que esos delincuentes no serán extraditados, lo cual es una afrenta a las víctimas de esa estructura delincuencial.

En días pasados, la revista Semana –tan incisiva para “denunciar” al uribismo- reprodujo un artículo del portal “verdad abierta’ –proyecto del cual hace parte esa misma revista- cuyo título es una verdadera bofetada al pueblo colombiano que durante décadas padeció el horror desatado por las Farc. Dicho titular era: “Veteranos de guerra de las Farc temen que los mate la soledad”.

Titular de la revista Semana en Twitter

La palabra “veterano” tiene sus raíces en el latín. En efecto, vetus se utiliza para referirse a una persona con experiencia específica en un área. Las Farc ejercieron terror y claro que sus integrantes tiene probada experiencia en secuestros, asesinatos, masacres, reclutamiento de niños, desplazamiento forzado, abigeato, extorsión, detonación de bombas, voladura de torres de energía y oleoductos. Son veteranos, pero del terrorismo.

En su afán por ubicar a esos criminales al mismo nivel de los soldados y policías que durante años los combatieron para defender a los ciudadanos inermes, el gobierno colombiano ha hecho hasta lo imposible y parece que su esfuerzo ha empezado a dar resultados: los medios, que no le dedican el menor de los espacios a los miembros de la Fuerza Pública, se excitan publicando historias, mostrando “el lado humano” de sujetos que enlutaron al pueblo colombiano.

Aquello, no construye ni reconciliación ni paz. Es una humillación a las víctimas que reclaman verdad, justicia y reparación, y no que sus victimarios sean enaltecidos como heroicos luchadores populares.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 10 de 2017