No es tarea halagüeña la de hacer de profeta de desastres. Resulta más satisfactorio ser optimistas y desear que las empresas que se adelantan en pro de las comunidades obtengan buenos resultados.

Esto lo escribo porque no me alegra el fracaso de Santos en su propósito de acordar con las Farc una paz estable y duradera.

Así él se empeñe en hacer declaraciones triunfalistas, ya se ve con claridad que ese proceso va por mal camino. Lo dicen De La Calle y Márquez, y lo reiteran las encuestas, que registran el escaso apoyo con que cuenta en la opinión pública.

La crisis del proceso se explica en últimas porque quedó mal concebido. La voracidad de las Farc y la debilidad de Santos dieron lugar a un acuerdo desequilibrado y, en muchos aspectos, imposible de cumplir. Es más, como lo demuestra Luis Alfonso García Carmona en su libro “Reconstrucción Nacional” que acaba de salir al mercado, adolece de vicios jurídicos que afectan de modo decisivo su carácter vinculante.

Qué hacer con él es uno de los enredos más complicados que le esperan al próximo Presidente. Lo más probable es que haya que sentarse de nuevo con los delegados de las Farc para convenir unos términos que sean de buen recibo.

No se entiende que cuando las relaciones con las Farc están en veremos, Santos resuelva activar en La Habana una mesa de diálogo con el ELN, como si quisiera amarrar a su sucesor con unas decisiones tan apresuradas como inconvenientes.

¿Qué podría negociar en corto plazo con esos psicópatas? Averígüelo Vargas. José Alvear Sanín piensa que es una treta de Santos para enredar las elecciones, y quizás tenga razón (Vid. Del AF a la EF).

Es indiscutible que Santos deja a Colombia hecha trizas. Por consiguiente, es necesario promover un gran acuerdo de las distintas fuerzas políticas para reconstruirla.

A ello se aplica el libro de García Carmona, que abre el debate sobre una serie de iniciativas que considera viables y convenientes para enderezar el rumbo del país.

Es un meritorio esfuerzo que hace para abordar con ánimo constructivo nuestra problemática actual.

Ya he observado que acaba de elegirse un nuevo Congreso. Ninguna fuerza política lo domina. Por consiguiente, hay que abrir espacios que faciliten la gobernabilidad y lo que conviene es coparlos con iniciativas susceptibles de lograr los consensos que se requieren.

Esa apertura la hay del lado de Iván Duque, que es dueño de un ánimo conciliador y sabe que los grandes logros de la política se obtienen a través de la negociación cuando se la adelanta sobre buenas bases y con propósitos serios.

Más difícil, por no decir imposible, sería encontrarla del lado de Petro, que no tiene un espíritu constructivo, sino un talante pugnaz que hace pensar que no ha dejado de ser guerrillero.

No dudo que pueda haberla con Vargas Lleras, que al fin y al cabo es político de profesión. Me parece menos probable que Fajardo, por su temperamento y sus ásperas compañías, tenga la aptitud para promover la reconstrucción nacional, pero llegado el caso no creo que negaría su aporte a tan plausible iniciativa. En cuanto a De La Calle, da pena decirlo: es casi un cero a la izquierda, un alma en pena.

Hoy, como hace siglo y medio, mantiene su vigencia la consigna de Núñez: “Regeneración fundamental o catástrofe”. Así lo recordó hace algunos meses Alberto Abello en “El Nuevo Siglo” (Vid. Regeneración fundamental o catástrofe).

Jesús Vallejo Mejía

Publicado: mayo 10 de 2018