Cuando en los años cincuenta del siglo XX Maqrol el Gaviero llegó a Buenaventura (Valle), capìtal del Pacífico colombiano, navegando en la esplendorosa pluma de Álvaro Mutis, la ciudad era una próspera metrópoli, si se la comparaba con otra a miles de kilómetros, también en el Pacífico, Singapur. De Tumaco (Nariño) podría decirse lo mismo, o de Nóvita (Chocó), la patria chica del ex un presidente de Colombia de apellido Holguín. Hoy, Nóvita, Tumaco y Buenaventura son unas de las ciudades más miserables de la tierra, mientras que Singapur, ciudad-estado, es el paraíso de la riqueza y el progreso.

Sí, mientras casi todas las regiones del Pacífico son las más prósperas del universo, nuestro Pacífico es un infierno, en el que miseria y hambre son apenas dos de sus candentes brazas.

Esta semana la Comisión Primera del Senado tuvo debate de control político sobre la Región Pacífico. Otra vez se oyeron los diagnósticos catastróficos y se consideraron las salidas redentoras. En las que mas confían los senadores que suelen citar a los ministros es en la movilización y lucha de las comunidades, que a lo largo de los años han ido coleccionando “acuerdos” con el gobierno central. Gobierno central, que, sea cualquiera su cuño o impronta política y época, firma compromisos obvios, como carreteras, acueductos, energía eléctrica, salud; y gira después fondos que terminan recorriendo caminos distintos a los presupuestados. Muchos de esos millones han servido, dicen las fotos -y que no se ponga bravo o brava nadie porque se los recuerde-, para comprar carros Lamborghini o carteras Luis Vuitton en Miami.

Pues sí. Los ricos singapurenses (todos, los ricos y los menos ricos, porque -lo digo en voz baja-, allá no hay pobres) son cada día más ricos y los pobres tumaqueños, bonaverenses y noviteños (todos, los ricos y los pobres), son cada día mas pobres.

¿Por qué?

¿Qué tienen los singapurenses (Pacífico asiático) que no tengan bonaverenses, tumaqueños y noviteños (Pacífico suramericano)?

¡Instituciones! Para que vean, así de sencillo. Instituciones que representan disciplina social, orden público, separación de poderes, y mucha, muchísima, libertad económica.

A Tumaco, por obra de Santos y sus aliada política las Farc, lo rodean hoy 20 mil hectáreas de coca. Comencemos por ahí. ¡Qué instituciones van a reinar en un mar de coca! Y a Buenaventura la inunda desde las épocas de la llegada de Maqcrol la corrupción. ¿¡Qué inversión va a pelechar en un océano de corrupción!?

El libro “Por qué fracasan los países” de Acemoglu y Robinson, tiene una de las ilustraciones más inteligentes e irrebatibles de una idea. Ellos afirman que los países pobres constantemente se equivocan en decisiones políticas (por eso se quedan pobres), que esos países generan instituciones económicas que no crean incentivos adecuados u oportunidades. Y les bastó a los autores una foto, un caso, para demostrarlo: Nogales, una ciudad, que por una casualidad histórica quedó partida en dos. La mitad es norteamericana (Arizona) y la otra mitad mexicana (Sonora); sobra decir, la primera es rica y la segunda pobre. Sí, por más que se alborote el antiimperialismo, habiendo la misma raza y las mismas costumbres, en la primera rige la Constitución de Franklin, Madison y Hamilton y ondea la bandera de franjas y estrellas; en la segunda se instalaron a robar priistas y sucedáneos.

Participé en el debate de la Comisión Primera con mucho escepticismo. Si no hay una revolución institucional en Colombia, como la hubo en Singapur, en Taiwan, en Corea del Sur, el Pacifico colombiano seguirá siendo lo que es. Podría ser que Duque se decidiera por un giro institucional de 180 grados. Pero, en estas circunstancias… ¡Hum!

Siento que la pandemia condicionará a los gobiernos del mundo a dedicarse solo a lo primero que toca: recoger vidrios quebrados. La revolución institucional se aplaza hasta nueva orden.

@JOSEOBDULIO

Publicado: mayo 18 de 2020