El mundo no puede continuar paralizado por cuenta de la pandemia. Es cierto que la única manera eficaz para contener la acelerada expansión del virus es el confinamiento y el distanciamiento social, pero no es menos cierto que se requiere recomenzar la productividad. 

No son pocos los que aseguran que el hambre y la miseria como consecuencia de la depresión económica que se está apoderando del mundo, van a cobrar más vidas que el propio virus. 

Mantener indefinidamente la cuarentena es tan insensato como no adoptar medidas preventivas. En este asunto hay que hallar un punto de equilibrio, partiendo de la premisa de que es necesario entender que las costumbres sociales cambiarán radical y permanentemente. 

Seguramente, en adelante, las personas no podrán hacer manifestaciones de afecto tradicionales como un apretón de manos, un beso o un abrazo. 

Es posible que durante muchos meses sea obligatorio el uso permanente de guantes y tapabocas.  

El distanciamiento social, obligará a ampliar los espacios de trabajo para reducir el riesgo de contagio. 

Sean cuales sean las medidas de necesaria implementación, éstas deben acometerse en el término de la distancia, con el fin de tener todo a punto para reiniciar la productividad nacional. 

Previendo e incorporando las medidas preventivas suficientes, los distintos sectores de la economía deben reabrir paulatina pero ininterrumpidamente.

Sectores de la extrema izquierda, de manera irresponsable han sugerido que la cuarentena debe prolongarse indefinidamente. La alcaldesa de Bogotá, Claudia Nayibe López sin sustento ninguno, amenazó con mantener el encierro -ese mismo que ella y su esposa, la senadora Angélica Lozano se pasan alevosamente por la faja- hasta que los científicos desarrollen la vacuna contra el Covid-19.

En el mejor de los casos, dicha vacuna puede estar lista en un año. Y el proceso de vacunación de los 8 millones de bogotanos, por más rápido y eficaz que sea, no tomará menos de 6 meses. ¿En serio la alcaldesa pretende que los habitantes de la capital de la República estén todo ese tiempo encerrados en sus casas? ¿De qué van a vivir? ¿Qué van a comer?

La solución tampoco puede ser la que ha planteado el irresponsable y viajero Gustavo Petro, quien desde su encierro en La Habana propone con total desvergüenza una “redistribución de la riqueza”, quitándole el dinero, en palabras suyas, a los bancos para repartirlo entre los ciudadanos. Además del coronavirus, Petro quiere inocularle a la sociedad colombiana el letal virus comunista que tanto le seduce.

El presidente Duque ha delineado un proceso de reapertura que en principio parece sensato y responsables. Eso no significa que sobre la marcha haya que introducir ajustes y, posiblemente, retomar la cuarentena en caso de que se observe un rebrote del virus. 

Lo cierto es que la pandemia no puede inmovilizar y conducir a la gente a la miseria como lo plantea la alcaldesa de Bogotá, ni a liquidar la libertad económica como anhela el cuestionado Gustavo Petro Urrego.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 28 de 2020