El doctor Rafael Nieto, tiene muy claro el modelo económico que necesita Colombia, un modelo fundado en el capitalismo social.

En medio de la tormenta, cuando arrecia el vendaval y el agua sube hasta el cuello de los países, la Providencia permite que aparezcan personajes únicos, para retomar el curso de la historia y ofrecer esperanza a sus pueblos.

Luego del water gate, crisis que azotó el  gran poder de los Estados Unidos en la mitad de la década de los setentas, apareció una voz que tronó solitaria en medio del desierto, que supo conducir hacia puerto seguro a la primera potencia del mundo, cuando la incertidumbre y la debilidad reinaban cómodamente.

En esa inolvidable convención republicana de 1976, llevada a cabo en Kansas City, surgió luminosa la figura de Ronald Reagan, antiguo gobernador de California, quien llegó a la Casa Blanca en 1981, luego de una abrumadora victoria, dando paso a un gobierno extraordinario, que todavía es añorado por millones de estadounidenses que reconocen el carácter de un liderazgo coherente, reflejo de una visión del mundo basada en principios a los que no se puede renunciar.

Cuarenta y un años después, en Bogotá, durante una convención política mucho menos encopetada, pero igualmente digna, se respiró exactamente la misma atmósfera de aquella remota cita gringa. Quienes tuvieron el privilegio de escuchar el discurso del último de los precandidatos del Centro Democrático que expuso sus ideas en ese escenario de gran unidad y amor por los sueños de Colombia, entendieron que en nuestro suelo existe también una voz solitaria en medio de la tragedia, que terminará metiéndose en el corazón de todos los colombianos por la calidad de sus argumentos. Rafael Nieto Loaiza: padre amoroso, hijo y hermano intachable, brillante jurista, eximo profesor universitario, agudo columnista, impecable funcionario público y ciudadano ejemplar.

@Rafanietoloaiza, como es conocido en las redes sociales, ofreció lo mejor de su alma y de su mente, en una intervención memorable que no sólo lo va a catapultar como primera figura dentro de su partido, sino como hombre determinante en el futuro inmediato de nuestra nación. Porque dijo las cosas que la gente quería escuchar, con precisión y rigor, sin miedos ni ambages.

No le tembló la voz para decir que el acuerdo de La Habana debía ser revisado con lupa, punto por punto, pensando en Colombia, sin claudicaciones ni premios al terrorismo; es decir, respetando la Ley y reconociendo que el plebiscito del 2 de octubre de 2016, obliga al gobierno a echar para atrás ese cobarde pacto entreguista, esperpento pseudo-jurídico -abiertamente comunista- que quiere imponer a la fuerza el señor Santos. Recordó Nieto Loaiza que, esa acción, de darse, es arbitraria e ilegal, dado que desconoce la voluntad popular.

El doctor Rafael, tiene muy claro el modelo económico que necesita Colombia con urgencia, un modelo que debe fundarse en los principios del capitalismo social, ese que impulsa la iniciativa de la gente, reduciendo el tamaño del Estado y rebajando los impuestos, onerosos tributos que espantan la inversión extranjera. Así mismo, fue claro en términos de permitirle a la gente respirar, afirmando que es imperativo bajar las tasas de intermediación financiera que asfixian a miles de familias. No podemos olvidarnos de ese 32% de colombianos que hoy vive en la pobreza, como también señaló el Dr. Nieto Loaiza: 1 de cada 4 compatriotas, padece la miseria. Eso no se puede pasar de agache.

Finalmente, destacamos en estas líneas al jurista que no está de acuerdo con la Justicia Especial para la Paz, y que reclama un tratamiento digno para los miembros de la Fuerza Pública, quienes en ningún momento pueden ser equiparados con viles narcoterroristas.

¡Por fin saltó al ruedo político una voz que nos infunde esperanza! ¡Gracias, Rafael Nieto Loaiza, por ser ese aire fresco que Colombia clama en medio de la peor de las tormentas de su historia!

Con todo respeto: Colombia tiene gente bien preparada, con valores y principios éticos, que no pude quedarse por fuera de la política. Llegó el momento de depurar radicalmente el escenario del poder. La criminalidad, como cultura, debe erradicarse de las élites.

 “La democracia necesita de la virtud, si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular”. San Juan Pablo II.

@tamayocollins

Publicado: mayo 10 de 2017