Exviceministro de defensa Rafael Guarín, advierte que las Farc pueden estar planeando tener un brazo armado de 7 mil hombres.

LOS IRREVERENTES. Doctor Guarín, usted denunció anteriormente en LOS IRREVERENTES que las milicias bolivarianas no llegaron a las zonas y puntos de ubicación, como aparece en el Acuerdo de La Habana y ahora denuncia que al menos la mitad de las armas de las FARC tampoco llegaron. ¿Cómo se explica eso?

RAFAEL GUARÍN. El Presidente Santos anunció el 17 de marzo que el inventario de armas que la guerrilla entregaría a la ONU era de 14.000 y el ministerio de Defensa señaló que de esa cifra, al menos 11.000 eran fusiles. Ahora resulta que la ONU dice que las armas que abandonaran las Farc son escasamente la mitad. ¿Qué pasó con las 7000 restantes? ¿Dónde están? El gobierno no puede excusarse en el escándalo de corrupción de Odebretch y en la tragedia de Mocoa para avalar un desarme a medias. ¡Estamos en el mundo de lo absurdo! Mientras las Farc no se desarman por completo, el gobierno va a rearmar a 1200 de sus miembros a través de la Unidad Nacional de Protección.

L I. ¿Cómo es posible una diferencia tan grande en el número de armas que señala el inventario del Gobierno y las que registró efectivamente la ONU?

R G. Las Farc están escondiendo y guardando armas, las están vendiendo a las bandas criminales, las traspasan al ELN o las ferian a grupos delincuenciales en el exterior o a aparatos violentos en Venezuela. Cualquiera de esas hipótesis es posible; pero más allá de eso, lo cierto, lo real, es que las FARC están incumpliendo y no se van a desarmar totalmente. Eso para no hablar de los misiles tierra-aire con los que contaban varias estructuras de esa organización. ¿Dónde están los SAM 7? ¿Cuántos son? ¿Los entregaron? ¿Los vendieron o los guardaron? No es posible que el Gobierno, las Farc y la ONU se queden callados sobre esas armas. Los ciudadanos necesitamos respuestas.

L I. Llama la atención que todos los comunicados del gobierno son positivos y enfatizan en el cumplimiento del cese de hostilidades y del proceso de dejación de armas… ¿Entonces?

R G. Son enredadores profesionales. La responsabilidad de Santos es asegurar que las Farc se disuelvan como aparato criminal y con ello garantizar la no repetición. Ese es el objetivo central de un proceso de paz. Eso parece que lo olvida el presidente. No se trata de darle razón a la oposición del Centro Democrático, sino cumplir con la Constitución y garantizar el desarme total y la desmovilización absoluta de las Farc. El silencio del gobierno lo hace cómplice del desarme a medidas y la desmovilización parcial. Es un engaño a Colombia y a la comunidad internacional.

L I. ¿Pero qué sentido tiene no entregar la totalidad de las armas y no desmantelar las milicias?

R G. Nos tienen distraídos con las disidencias de 5 frentes de las Farc, como si aquello fuera el problema. Y claro que eso es grave; mire los atentados de los últimos días. Pero eso es menor, comparado con la gravedad mayúscula de que el grupo se niegue a entregar todas las armas a la ONU y desmovilizar el grueso de sus estructuras militares de milicias. En la practica, las Farc están dejando estructuras dormidas, con capacidad de acción violenta y de actuar cuando se les requiera. Son una especie de seguro, pactado, pero no escrito en el acuerdo de La Habana.

L I. ¿Cuál es la realidad sobre el número de armas y de miembros de las FARC?

R G. El conteo que realiza el ministerio de Defensa cada semestre, el último de ellos, el de 29 de septiembre pasado, registró que las Farc tenían 13,739 miembros y la Oficina del Alto Comisionado para la Paz certificó que corte al 4 de abril, en las zonas y puntos de ubicación sólo había 6.804. Faltan cerca de 7.000 individuos. ¿Dónde están? ¿Qué dice el gobierno? !Nada! No es coincidencia que la guerrilla se quede con mínimo 7000 fusiles, al tiempo que son al menos 7000 los miembros de las Farc que no van a estar concentrados en las zonas veredales de normalización.

L I. Hay una preocupación porque el registro de las armas se refiere a aspectos generales de las mismas, pero no a su identificación técnica para las investigaciones futuras.

R G. Así es. El modelo de desarme pactado busca callar las armas, es decir, que no se puedan emplear para determinar en qué crímenes se utilizaron y así proteger a los perpetradores, obstaculizar la justicia y favorecer la impunidad. La ONU indica que su papel es simplemente adelantar el registro sobre el tipo de arma y sus características generales, pero nada se está haciendo para identificar con técnicas de investigación las huellas balísticas de cada arma de fuego. Una vez las almacenen en contenedores y las extraigan de las zonas, serán destruidas, acabando con las pruebas de miles de asesinatos de civiles. Ese procedimiento, está hecho a la medida de los victimarios.

L I. Y aún sin desarmarse y concentrar a todos sus integrantes, las Farc anuncian que en los próximos meses conformaran su partido político…

R G. Eso es crítico. Timochenko y Márquez no deben cometer el mismo error de Marulanda y Arenas, el de fundar un partido político al tiempo que mantenían un aparato armado, lo que pasaría si no entregan la totalidad de las armas y no concentran todos sus milicianos y guerrilleros. Dejar estructuras con armas, así sea dormidas, no activas, es tener un partido político con un aparato armado listo para ejercer la violencia cuando sea necesario. Una amenaza latente que no se puede aceptar. ¿Se imagina usted a este país, en un tiempo, en medio de tensiones políticas, con un partido de las Farc con representación en el Congreso y con la posibilidad de retomar la violencia?

L I. ¿La ONU terminará avalando esa comedia?

R G. La ONU certificará las armas que efectivamente entreguen las Farc, es lo que esperamos todos, pero no es suficiente. Las mentiras y contradicciones del gobierno y del grupo ilegal aumentan la desconfianza. El acuerdo tiene un grave déficit de legitimidad que se profundizó con el desconocimiento de la voluntad popular del plebiscito del 2 de octubre. Si a eso se suma que ahora las Farc se burlan del compromiso de desarme total y desmovilización absoluta, pues nada queda y se libera a la sociedad y al Estado de cumplir un acuerdo que incumple las Farc. Los individuos del Secretariado deberían tener eso claro. ¿Cuál sostenibilidad de los acuerdos, si los incumplen? Los colombianos no van a respaldar eso.

L I. ¿Qué debemos hacer los colombianos? ¿Nos cruzamos de brazos?

R G. Denunciar. Si no lo hacemos, si admitimos pasivamente que se mantengan estructuras de Farc armadas, así sea dormidas, pasivas, quietas, es cuestión de tiempo para que las activen, las despierten y las utilicen. Ese riesgo es real. No hay que olvidar que las Farc mantienen un proyecto político inspirado en el modelo revolucionario del chavismo. ¡Miremos al vecino! No quisiera imaginar un escenario de tensiones sociales y políticas donde el partido de las Farc, con dineros del Estado y del narcotráfico, termine usando nuevamente la violencia para imponerse. Recuerde, Ernesto, que el profesor francés Julien Freund enseña que el precepto fundamental de lo político es prever lo peor y estar preparado para que no ocurra.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 13 de 2017