En Medellín se presenta por primera vez con un alcalde un aire de tensión, polarización y disgusto. La tradición indicaba que la articulación entre el sector público, el sector privado y la academia era la fórmula más exitosa para llevar las riendas de la capital de Antioquia, lastimosamente durante esta alcaldía ha sido todo lo contrario; Quintero ha gobernado con inexperiencia, mentiras, inmadurez y corrupción. Sin mencionar que con su populismo y demagogia ha utilizado el poder de la administración para arrasar a los rivales y no para servir.

El ascenso de Quintero a la alcaldía de Medellín fue algo que nunca debió ocurrir, un accidente que ha resultado nefasto para la ciudad que otrora fue ejemplo de unidad y progreso. No puede darse crédito a alguien que aprovechó la división política entre el candidato del Uribismo Alfredo Ramos, y el que representaba el continuismo Santiago Gómez. Por fortuna, vemos miembros del Concejo muy destacados como los Concejales Simón Molina y Alfredo Ramos, quienes han sido fehacientes opositores a la alcaldía local.

El año pasado Medellín vivió la contratación pública más corrupta de su historia. Quintero abusó como nunca antes de la contratación directa entregando cientos de miles de millones de recursos públicos a contratistas protegidos por políticos tradicionales corruptos, quienes además de no cumplir con las capacidades técnicas y financieras requeridas, favorecen únicamente a los que dieron respaldos económicos en campaña y a aquellos  que hoy se vuelvan sus aliados en destruir y robarse a Medellín.

Entidades como la Secretaría de Educación, el INDER, la Secretaría de Hacienda, la Secretaría Privada, el Hospital General de Medellín, la Empresa de Seguridad Urbana y Metroparques, entre otras, se encuentran escrituradas a familiares y políticos afines a Quintero, en una evidente repartija burocrática y en una feria de contratos jamás vista en la ciudad. Un ejemplo lamentable es lo que ocurre con EPM, empresa insignia de nuestro país, cuyo manejo politiquero y desprovisto de rigor técnico la ha sumido en una crisis de inestabilidad. Cuatro gerentes en solo quince meses marcan un designio para acabar con su reputación.

Con las entidades descentralizadas, ocurre algo mucho peor, un abuso absurdo de la figura de la contratación interadministrativa, con el objetivo de pagar favores políticos convirtiendo a estas entidades en verdaderos fortines de politiquería y corrupción.  

La amabilidad, decencia y humildad del pueblo antioqueño se ve aturdida  con la insolencia de este tipo y la manera despectiva y humillante en la que responde a cada persona que lo cuestiona. En definitiva, Quintero es un improvisador, un tipo polarizante, mentiroso, mal rodeado, nepotista, derrochón y una completa farsa; por eso y todo lo mencionado en esta columna, insto al pueblo paisa a  sacar a Quintero.

@jarizabaletaf

Publicado: abril 18 de 2021