La salida en falso del alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle, minutos después de que se perpetrara un ataque terrorista en la ciudad de Medellín por parte de la banda terrorista ELN, no puede ser vista como un hecho aislado ni anecdótico.

Es sumamente grave que un gobernante pretenda sacar provecho político de una acción de terrorismo o, lo que es peor, que busque causar divisiones ideológicas segundos después de haber detonado un explosivo que derribó una torre que llevaba energía a la capital de Antioquia. 

A través de su cuenta de Twitter, Quintero difundió un mensaje brutal, diciendo que “hace dos décadas no se veía la extrema derecha estuviera tan feliz de que el ELN realizara un ataque en Medellín. Los extremos se juntan”. 

Cuando los violentos cometen acciones de horror, los gobernantes deben encargarse de calmar los ánimos, proceder con ponderación, atender a las víctimas y convocar a toda la ciudadanía para que una esfuerzos en contra de los antisociales. Quintero Calle, que parece un mini me de Gustavo Petro, se valió de esa acción para atizar la hoguera y profundizar la polarización en Medellín. 

El presidente Uribe reaccionó, calificando como “grave” la declaración del alcalde y se pregunto “¿Para dónde va Medellín?”.

Y aquel es el verdadero interrogante. A lo largo de los últimos años, la capital antioqueña ha sido gobernada con seriedad, profesionalismo y pulcritud por alcaldes de distintas vertientes. Ninguno, se ha dejado seducir por el nefando populismo, independientemente de su posicionamiento en el espectro ideológico. 

Como bien lo dijo el senador José Obdulio Gaviria en su más reciente columna de LOS IRREVERENTES, Quintero es un alcalde “muy fanfarrón con sus proezas izquierdistas y despreciativo con nuestra cultura, a la que se refiere como la ‘extrema derecha’”.

Desde los tiempos de campaña, se advirtió reiteradamente sobre la amenaza que encarnaba Quintero Calle, un sujeto movido por el resentimiento y el odio. Un tipo que llegó a la alcaldía de Medellín de carambola y gracias a la perversidad del exalcalde Federico Gutiérrez y su aliada, la polémica senadora Paola Holguín, quienes le hicieron la peor de las guerras sucias al candidato uribista, Alfredo Ramos. 

Quintero ganó las elecciones de octubre, por obra de la macabra división de votos que se observó entre Alfredo Ramos y el candidato impulsado por la Holguín y Gutiérrez, Santiago Gómez. 

Era evidente que tanto la senadora como el ahora exalcalde, querían poner a uno de los suyos para no perder el control sobre el multimillonario presupuesto de Medellín y, por eso, se jugaron el todo por el todo en aras de impulsar a Gómez, quien sacó poco más de 95 mil votos, sufragios que, sumados a los que obtuvo el uribista Ramos, habrían sido más que suficientes para impedir el triunfo del émulo de Gustavo Petro.

Los ciudadanos de Medellín no pueden sucumbir ante las brutales estigmatizaciones que les hace su propio alcalde, que ha caído muy bajo al indicar que aquello que se le oponen a su estilo de gobierno, son afectos a la “extrema derecha”.

Y en cuanto a la senadora Holguín, que ahora posa de precandidata presidencial (¡!) y a su adlátere Gutiérrez, habrá que pasarles la respectiva cuenta de cobro política. Ante cada desafuero del alcalde Daniel Quintero, siempre deberá recordarse que él gobierna desde la Alpujarra como consecuencia de la voracidad de los que le pusieron zancadillas a Alfredo Ramos. A ellos -Gutiérrez y Holguín- les cabe íntegramente uno de los escolios más inteligentes de Nicolás Gómez Dávila: “Los hombres son tan naturalmente viles que sólo a pocos podemos hacerles el honor de no perdonarles sus vilezas”. 

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 11 de 2020