El martes pasado, en un lapso de pocas horas, quedó en evidencia la realidad que vive Colombia con el tal proceso de paz.

Mientras diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales transmitían los pormenores de la ceremonia con la que el señor Juan Manuel Santos, en la zona veredal de Pondores (Fonseca, Guajira), daba por terminado el proceso de desarme de los terroristas de las Farc y decía: “Hoy efectivamente es el último suspiro de ese conflicto, con esta dejación de armas, con (la salida de) los últimos contenedores, el conflicto realmente termina y comienza una fase nueva en la vida de nuestra nación”. (…) Las Farc acaban de desarmarse y el resto de los colombianos tenemos que reconciliarnos (…)  ¡Que viva la paz!” “Hoy Colombia es un país sin Farc, con presencia del Estado en todo el territorio y oportunidades como nunca antes”.

Esos mismos medios informaban, a la vez,  sobre los “fuertes combates que soldados del Batallón Pichincha, adscritos a la Tercera Brigada del Ejército nacional, sostienen desde tempranas horas, con un grupo de disidentes de las Farc en el corregimiento La Liberia, en el municipio Jamundí, Valle del Cauca.”

Y nos relataban también, cómo en Tibú, región del Catatumbo, zona donde operan el Ejército de Liberación Nacional (ELN), disidentes del Frente 33 de las FARC, el Ejército Popular de Liberación (EPL) y Bacrim, “un policía murió y otras cinco personas resultaron gravemente heridas, después de que una caravana que escoltaba un vehículo de valores del Banco Agrario fuera atacada”.

¿“¡Qué viva la paz!”?

Plausible que 8.112 armas (7.132 rifles y pistolas recogidos en las ZVT  y 980 encontradas en caletas), ya no estarán más en manos criminales, sin embargo, cabe preguntarse ¿dónde están las otras 6.868 que se supone hacían parte del inventario de 14.000 armas del que nos habló el señor Santos (sin contar lo de caletas)? ¿Existió ese inventario o fue una “picardía” para justificar su Nobel? Y ¿las ametralladoras, misiles tierra-aire tipo Sam 7, morteros hechizos, etc. por qué no figuran en ninguna parte?

Ahora bien, el tema más importante de todos: los miles de niños que secuestraron, torturaron y obligaron a enrolar en las filas ¿dónde están? ¿Cómo así que ya no tenían sino los 24 menores  que devolvieron el martes? Imperdonable la dejadez, la irresponsabilidad con la que manejaron ese asunto.

Recurrir a la CPI será, entonces, el compromiso de quienes nos negamos a aceptar que de manera tan olímpica hayan zanjado el más espinoso punto de la negociación, para que los obliguen a responder por ese crimen atroz.

Y el listado de bienes, descontando obviamente los tres pares de medias que alias “Timochenko” declaró públicamente ¿dónde está? ¿Compagina con todo lo encontrado por la Fiscalía? ¿Y sus fortunas  personales también fueron reportadas?

A lo largo del tal proceso de paz el único rigor visto fue para dar cumplimiento a las múltiples y descaradas demandas de los narcoterroristas, de resto, contradicciones, mentiras, infracciones, etc. fueron la constante.

¿Cómo es posible que a la hora de la entrega de las armas, los bienes y, sobretodo, de los niños, el gobierno no contara con información completa y cifras actualizadas para poder contrastar con lo entregado por los delincuentes?

¿“¡Qué viva la paz!”?

P.S. Contenedores más pequeños o simples baúles hubieran ahorrado dinero y vergüenza.

@cdetoro

Publicado: agosto 21 de 2017