Las elecciones políticas traen consigo una serie de conductas que en ocasiones evidencian lo peor de la condición humana. La política que es el oficio del alma, trágicamente se ve manchada por el engaño, la traición, los celos, la envidia y otros varias comportamientos que se presentan en la lucha por el poder.

Mal hacen quienes consideran que se vive de la política, realmente se vive para la política, debe uno concebirla como el instrumento que facilita el servicio hacia los demás. Sin duda debe haber estrategia, toma de posiciones y enfrentamiento; para eso es la democracia, para que las mayorías tomen decisiones basados en el discernimiento de las ideas que los actores presentaron en la contienda.

Pero lo que no debe seguir imperando es la ley del populismo, no digo que alguien no pueda prometer cosas, pues en eso también consiste una campaña: exponer propuestas que de llegar a resultar electo el candidato puedan materializarse durante su mandato, pero éstas deben ser realizables, nunca utópicas e ilusorias y únicamente viables en una hoja de papel.

El fenómeno del populismo es bastante bien conocido en nuestro continente, pues arruinó ni más ni menos que a la mayoría de los países de América Latina, pero por ventura a nuestro país le ha costado ingresar, por su puesto se habrán visto brotes nacientes de esta plaga, pero la reacción del pueblo colombiano ha sido superior.

Cuando cayó el muro de Berlín algunos nostálgicos del comunismo quisieron aventurase en poblaciones a las que ellos consideraban del tercer mundo, esto lo supo canalizar el fallecido dictador cubano Fidel Castro, quien halló eco en un coronel cheverongo de Venezuela, el cual años más tarde se convertiría en la punta de lanza de la política fracasada del llamado socialismo del siglo XXI, que conllevó a lo miseria del pueblo venezolano.

Hoy en Colombia ante la proximidad de la elecciones empiezan a aparecer algunos candidatos, que se avalanchan ante el pueblo para hacer gala de su estrategia populista de prometer puentes donde no hay ríos. Aquel personaje que mejor representa el populismo camuflado es el ex guerrillero Gustabo Petro.

Debemos exigirle que se quite la careta y le diga al país si su postura como gobernante estaría enrutada por la vía de Hugo Chávez y toda la camarilla, la cual sumergió a América en la desgracia del socialismo.

@MiguelCetinaC

Publicado: mayo 2 de 2018