La grave crisis que se vive en Colombia tiene un responsable directo: Juan Manuel Santos quien durante su gobierno sembró la semilla de odio que hoy envenena a la sociedad.

El odio de clases, la sed de venganza de unos hacia otros, empezó a enervarse durante la era Santos cuando él, como presidente de la República, trazó una línea nefanda dividiendo al país entre amigos y enemigos de la paz.

Colombia había sufrido todos los males, menos el de la lucha de clases. La sociedad, unida, había enfrentado con ardentía las distintas amenazas. Los carteles del narcotráfico, el terrorismo, la guerrilla, los paramilitares. Pero ahora, gracias al odio que Santos inoculó durante su absurda persecución al presidente Uribe y al uribismo, los violentos están haciendo una suerte de ajuste de cuentas, donde nadie sabe realmente qué es lo que los indignaditos demandan.

Anarquismo total, liderado por Petro, pero engendrado desde el gobierno Santos.

Ahora, con todo el oportunismo -y mezquindad- el expresidente elegido y reelegido con plata de Odebrecht sale a ofrecerse como facilitador en la crisis.

Santos es muy parecido a esos hackers que se inventan los virus de los computadores, para luego hacerse multimillonarios vendiendo los programas de antivirus.

Es cierto que en momentos como los que padece Colombia se requiere unidad de todos los sectores democráticos, al margen de las diferencias ideológicas. Lo que no significa que sujetos perversos y mezquinos como Juan Manuel Santos puedan ser considerados como elementos para la solución de la crisis, cuando es evidente que cualquier participación suya solo servirá para acrecentar la tragedia y para agudizar la fractura social que se vive en el país.

Así que el llamado que debe hacerse no puede ser otro que el de solicitarle al expresidente y beneficiario del sucio dinero de Odebrecht que guarde silencio y que continúe, más bien, disfrutando de la impunidad y de su corrupta fortuna.

Santos es parte del problema. Su presencia no calma los ánimos. Toda Colombia sabe que su condición de Nobel de Paz -premio comprado con concesiones petroleras al gobierno de Noruega- no le concede licencia, autoridad o respetabilidad de ninguna naturaleza. Entre más callado y distante se mantenga, será más fácil llegar a la solución.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 10 de 2021