Luego de que Cuba fuera expulsada de la OEA, el presidente Alberto Lleras Camargo rompió relaciones diplomáticas con ese país.

En 1975, en el gobierno de Alfonso López las relaciones se reestablecieron hasta 1981, cuando la administración de Julio César Turbay volvió a suspenderlas como consecuencia del respaldo que la dictadura castrista le brindaba a las organizaciones guerrilleras que sembraban terror en nuestro país. 

En 1991, ambos países volvieron a establecer contacto y las embajadas fueron reabiertas. 

Desde siempre, Cuba le ha brindado apoyo al terrorismo, brindándole refugio a los cabecillas de los grupos guerrilleros. 

Durante muchos años, el fundador del ELN Fabio Vásquez Castaño vivió en La Habana plácidamente. El régimen de Fidel Castro lo recibió con los brazos abiertos y, para “aprovechar” su experiencia en el crimen, lo nombró como profesor de colegio para que transmitiera su conocimiento a los niños cubanos. 

No deja de ser extraño el temor reverencial que han observado los últimos gobiernos colombianos frente a la dictadura cubana. A pesar de que la isla está en las antípodas de ser “amiga”, nuestro país ha volteado la mirada frente a gravísimos hechos que ponen en riesgo la soberanía y la seguridad nacional. 

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El espionaje cubano

Cuba está lejos de ser un país amigo

La intervención de Cuba en los asuntos internos colombianos es evidente y delicada y se materializa por medio de agentes encubiertos pertenecientes a la dirección de inteligencia de ese país -conocida como el G2-. A través de una sofisticada y planificada operación, ese país ha logrado penetrar diversas áreas. Uno de los mecanismos utilizados consiste en “misiones médicas” o de profesores que son contratados en distintos departamentos y ciudades. 

Santa Marta, es un ejemplo. Como es sabido, el departamento del Magdalena está en manos de la extrema izquierda, en cabeza del exjefe terrorista del ELN Carlos Caicedo.

Hace algunos meses, trascendió que la alcaldesa de la capital del Magdalena, Virna Jhonson celebró un convenio con el gobierno cubano para “fortalecer el deporte, la educación y la salud”. 

En contexto

Cuba en Santa Marta

Luego de que se conociera la grave denuncia publicada en la revista Semana en la que se confirma la participación directa del embajador cubano en actividades de espionaje, un amplio sector de la opinión pública se pregunta porqué el gobierno colombiano no ha procedido de la misma manera como hizo en el caso de los “diplomáticos” rusos que fueron expulsados hace algunas semanas cuando se descubrió que en realidad eran agentes de los servicios secretos del régimen de Putin.  

¿Por qué el embajador José Luis Ponce Caraballo no ha sido expulsado de nuestro país? Para enviar un mensaje de tranquilidad, la canciller Claudia Blum debería informarle a la opinión pública las medidas que se están adoptando para hacerle frente a la crisis, dado que la información publicada por Semana hace parte de una investigación adelantada por las propias autoridades colombianas. 

El presidente Uribe ha sido claro y contundente al decir que “yo sí creo que hay que tomar sabias decisiones en esto. Es muy delicado y no podemos dejar que siga avanzando ese riesgo contra nuestra democracia”.

El presidente Duque es un gobernante con talante que ha dado sobradas muestras de no dudar cuando de defender la integridad nacional se trata. La interferencia cubana no es un asunto de menor cuantía, razón por la que no puede extrañar que en las próximas horas haya noticias respecto de los pasos que dará nuestro país respecto de esa amenaza.  

@IrreverentesCol

Publicado: enero 20 de 2021