La mafia judicial sigue y al parecer continuará impune. Para mayor vergüenza, uno de los articuladores de esa impunidad es, precisamente, un congresista del Centro Democrático a quien en los pasillos del Capitolio llaman “el embajador del cartel de la toga”.

Se trata del cuestionado Edward David Rodríguez Rodríguez, reconocido por sus maniobras oscuras y comportamiento indecoroso.

Todo indica que los corruptos Gustavo Malo y Leonidas Bustos no serán judicializados y sus expedientes engavetados en el Congreso, donde Rodríguez Rodríguez tiene injerencia, particularmente en la cuestionada comisión de acusaciones.

Hace unos días, el perseguidor Jorge Luis Barceló confesó en una entrevista que un allegado a Álvaro Uribe lo abordó en distintas ocasiones para preguntarle por la investigación que él adelanta en contra del expresidente. La persona a la que se refiere el polémico magistrado es, precisamente, Edward Rodríguez quien se precia de tener “controlados” a los magistrados.

Absolutamente indecoroso e impresentable que un integrante de la comisión de acusaciones sostenga ese tipo de contactos con personas que él investiga.

Lo cierto es que el cartel de la toga sigue vivo y fortalecido, en buena medida porque el extraditado Luis Gustavo Moreno no ha querido contar todo lo que sabe en relación con la corrupción en las más altas cortes.

Es mucho lo que ese sujeto tiene por contar no solo de la corrupción en la corte suprema, sino en la fiscalía general de la nación, durante la era de Eduardo Montealegre y Jorge Fernando Perdomo, donde hay suficientes indicios para creer que esa entidad fue una verdadera cueva de Rolando, en la que circulaban miles de millones y se utilizaba la justicia para perseguir a opositores políticos de Juan Manuel Santos.

Así mismo, Moreno debe hablar de sus cómplices y el papel que muchos abogados desempeñaron en esa trama de corrupción. En este entramado ha empezado a surgir el nombre del abogado Paulo Cesar Ospitia, a quien señalan de tener cercanía con el principal compinche de Moreno, el también extraditado Leonardo Pinilla. Ospitia, así mismo, participó en la defensa del delincuente magistrado Gustavo Malo.

Es mucho lo que falta por conocerse para efectos de depurar la justicia. Pensar en una reforma a la rama jurisdiccional sin previamente limpiar a las altas cortes de la corrupción generalizada, es una verdadera pérdida de tiempo. La ministra Gloria María Borrero debe entender que el país, además de demandar un cambio en la justicia, lo que realmente exige es una depuración de esa rama del poder.

Hay que oír a Luis Gustavo Moreno, así ese delincuente esté en una cárcel estadounidense. Él, como pocos, conoce los pormenores de la corrupción en la justicia y su testimonio se constituye en una importante pieza para entender la verdadera magnitud de la corrupción en entidades fundamentales para la democracia, como la sala penal de la corte suprema de justicia.

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 24 de 2018