Fueron varios los motivos por los cuales Alfred Nobel (1833 – ­1896) vivió su existencia arrepentido (por el daño causado), que dono toda su fortuna para los famosos premios Nobel. Tratando de compensar con este propósito loable, el haber provocado con su letal invento de la dinamita, la muerte a miles de personas. Entre ellas a su propio hermano Emil, quien murió en un experimento con nitroglicerina. Las fábricas de Nobel llegaron a producir 66 mil toneladas de explosivos al año.

Pero no solo Alfred decidió donar ese galardón, si no que el de paz lo delego para que fuese entregado por los noruegos, porque él consideraba injusto que los suecos tuvieran subyugados a los noruegos, quienes habían sido siempre un pueblo sometido a la voluntad hegemónica del rey de Suecia.

Solo desde el año de 1905 Noruega pudo independizarse, a través de varias contiendas plebiscitarias, donde el SÍ para emanciparse triunfo sobre el NO de seguir estando bajo el dominio sueco. No se logra entender entonces que los noruegos, que después de muchos legendarios plebiscitos lograron hacerlo, ahora desconozcan el veredicto plebiscitario del pueblo colombiano.

Alfred en un gesto noble decidió que fuera un comité de noruegos (a quienes veía con cierta condolencia) quien decidiera entregar ese premio (el de Paz) por qué los otros (Literatura, Medicina, Física, Química y Economía) los entrega un comité de suecos.

Si Nobel supiera que su premio de paz llagaría a las manos de un colombiano, Juan Manuel Santos (JMS), su alma estallaría en mil pedazos. Porque el personaje no ha hecho más que dividir al pueblo colombiano como ni siquiera se había visto en la Convención de Ocaña en el año de 1828 (fecha que para mí es el origen de la violencia ente los partidos), donde Santanderista (y no el general Santander, quien evito antes dos intentos de homicidios contra Bolívar) y bolivaristas se declararon la guerra. Tanto que se dio un nuevo intento de homicidio contra el Libertador Bolívar, en lo que se llamo la conspiración de la noche septembrina, ocurrida ese mismo año nefasto de 1828.

No se entiende que JMS, quien se debe a su pueblo, le haya dado la espalda, haciendo un acuerdo lesivo con la guerrilla de Farc, como si acaso su compromiso fuera muchos más atávico y fuerte con el grupo terrorista que con los colombianos de bien.

Es plausible pacificar un país, pero no lo es logrando la entrega de las instituciones, además de brindar impunidad a los causantes de tanto daño. Todo a cambio del chantaje de dejar de matar y de procurar ganarse un premio Nobel, como suele indicarlo la premura de la famosa firma del acuerdo en Cartagena.

Todos pensamos que el galardón lo comprometería mucho más en la búsqueda de la paz, pero ha sido todo lo contrario, como si acaso ese galardón confiriera legitimidad política.

@rodrigueztorice