El pasado 12 de octubre, el cabecilla de las Farc, Jesús Santrich, ingresó a la Comisión Primera de la Cámara para sabotear la audiencia que adelantaban mis compañeros de bancada Edward Rodríguez, Santiago Valencia y Álvaro Hernán Prada. El propósito de ese día era escuchar a las víctimas de dicho grupo guerrillero, de cara a la conformación de las circunscripciones especiales de paz. Sin embargo, la presencia de Santrich generó gran inconformidad entre los citantes, que lo cuestionaron por su historial delincuencial.

Y es que no contento con burlarse de las víctimas y no pagar un solo día de cárcel, tras haber amedrentado a los colombianos durante décadas, ahora Santrich viene a utilizar el aparato judicial para buscar que los Representantes Edward Rodríguez y Santiago Valencia, y la periodista Salud Hernández, se retracten por haberle dicho la verdad sin tapujos.

Es decir, ¡los colombianos le salimos a deber! Después de haber comandado cientos de asesinatos, bombas, extorsiones, secuestros, violaciones y operaciones de narcotráfico, resulta que el señor considera que su buen nombre se ve afectado. Pero, lo que él no reconoce, es que la dignidad de toda una Nación se vio cercenada, por el actuar del grupo de bandidos que dirigió.

En efecto, el manto de impunidad que cubre a los bandidos de las Farc, gracias al presidente Juan Manuel Santos, los ha empoderado al punto de posar como mártires incomprendidos. Es por esto que los colombianos los vemos salir en los medios de comunicación como si fueran las víctimas y no los victimarios de esta historia.

Cabe recordar que el aparato judicial del Estado está diseñado para impartir justicia para todos los colombianos, incluidos los miembros del secretariado de las Farc. Además, para hacer prevalecer el imperio de la ley y no para beneficiar a unos pocos terroristas.

Infortunadamente, el cinismo desbordado y descarado de estos personajes refleja su falta de intención sincera para adelantar un verdadero proceso de reintegración a la vida civil, con previo sometimiento a la justicia. Es más, es la hora que no vemos actos de perdón ni arrepentimiento (sí, ¡varios!, porque su deuda con la sociedad es muy grande), ni mucho menos hechos que busquen enmendar sus errores.

En consecuencia, las Farc sienten que están por encima de la Constitución y de los 49 millones de compatriotas, por eso buscan mediante tutelas callar las voces de quienes no aceptamos su impunidad ni permitiremos que lleguen al poder. En otras palabras: “los pájaros tirándole a las escopetas”.

Como colombianos no podemos tolerar que ninguno de nosotros podamos llamar las cosas por su propio nombre. Al que asesina se le llama asesino, al que roba se le llama ladrón, al bandido se le dice bandido y al terrorista se le llama terrorista. ¡Es la realidad!, les guste o no a las Farc.

@Tatacabello

Publicado: noviembre 3 de 2017