El narcoterrorismo se prepara para cosechar su fenomenal triunfo de La Habana,  mientras el país en pleno es perversamente anestesiado por el grito guerrero del ¡Sí a la Paz!, como quiera que lo único que se muestra a través de los medios de comunicación en la campaña del plebiscito, son las “bondades” de un pacto confuso, leonino, tramposo.

Por debajo de la mesa, la orden oficial es precisa: acallar el desaforado crecimiento del narcotráfico y del consumo de drogas en la juventud; invisibilizar la desconfianza e incertidumbre reinantes; atacar los valores de millones de hombres y mujeres honestos, que se oponen a lo pactado en Cuba. En síntesis: neutralizar a quien se atreva a disentir…

¡Qué le vamos a hacer! Se sigue desconociendo el dolor de miles de huérfanos y viudas, para quienes un perdón y olvido, o una amnistía, no son suficientes… En miles de hogares, la ausencia del padre, marido o hijo asesinado por las Farc está intacta. El sufrimiento de la mujer o de la hermana violada o torturada por los mismos desalmados que celebran su gesta política colombo-cubana, se hace aún más profundo. (Curioso: los familiares de dichas víctimas no salen en televisión).

Dejémonos de bobadas: no cesó ni cesará la horrible noche, porque, entre otros factores, los jueces y magistrados, empalagados de tanta mermelada recibida, ahora están de inquisidores certificados. En Colombia la justicia está macartizada por una élite que, en numerosos casos, no esconde su compromiso militante con la ideología que representan las Farc.

Por eso, no podemos avalar una mentira, ni tragarnos el sapo-sofisma que hoy nos ofrece el gobierno, con la excusa de una paz que no es posible con tantas gabelas entregadas a quienes cometieron toda clase de delitos, y se han burlado, cada que les da la gana, de los colombianos.

Que no se nos olvide el horror que viven o han vivido las naciones que han coqueteado con el comunismo, hoy llamado socialismo del siglo XXI en América Latina: abstenerse o andar regalando silencios cómplices, es un craso error; mucho más grave, ir uniéndose a los aplausos de los áulicos de un presidente que lo único que quiere es el premio Nobel …

Estamos ante el punto de quiebre de la historia de Colombia.  La única salida que tenemos como Nación es defender nuestra Libertad. No hay más opciones.

Con todo respeto: ¿los cinco o seis dueños del país están dispuestos a tallarse la victoria del Socialismo del Siglo XXI en Colombia, a través de unas Farc envalentonadas y buscando el poder, a partir del 3 de octubre? Los comunistas siempre se aprovechan de los “políticamente correctos…”

¡Nada de miedos! No es tiempo de cuentos rosa, fábulas ni fantasías. Lo que está en juego es mucho más serio: la lucha contra la corrupción debe ser frontal y el restablecimiento de la Ley no da espera. Hacernos los de la vista gorda ante la impunidad que recibirán como medalla los narcoterroristas de las Farc es un despropósito.

Decía Ronald Reagan, conocido como el gran comunicador, cuadragésimo presidente de los Estados Unidos y líder que ganó la batalla ideológica contra la Unión Soviética: “¿Cómo distingues a un comunista? Bueno, es alguien que lee a Marx y a Lenin ¿Y cómo distingues a un anticomunista? Es alguien que entiende a Marx y a Lenin.”

Como testimonio de coherencia y respeto por los valores en los que creo, el 2 de octubre #YoVotoNo

 

@tamayocollins