Fernando Carrillo es, sin duda, un campeón de las volteretas políticas. Se ha movido con cierta habilidad a lo largo de su vida pública, para mantenerse vigente. Ha sabido hacerle el quite a los cuestionamientos que se le hacen por hechos del pasado, específicamente por su posible participación en el encubrimiento del asesinato de un humilde vigilante privado cuando fungía como ministro de Justicia en el gobierno de Cesar Gaviria. 

En sus charlas privadas, Carrillo, que llegó a la procuraduría con el apoyo inaudito de los senadores del Centro Democrático, no oculta sus aspiraciones políticas futuras, concretamente su sueño de ser el próximo presidente de la República. 

Aquello explica buena parte de sus acciones al frente del Ministerio Público, entidad que se ha convertido en un directorio político concentrado en ambientar su campaña presidencial. 

Su ambición de poder, no tiene límites. Este portal, pudo confirmar que el procurador ha tratado de meter su mano en el proceso de integración de la terna que en las próximas horas presentará el presidente Iván Duque, para efectos de que la corte suprema de justicia elija al nuevo fiscal general de la nación. 

Carrillo, ha insistido en la inclusión de una mujer muy cercana a él -la actual secretaria jurídica de la presidencia, Clara María González-, algo que es totalmente inaceptable pues el procurador, que en privado dice que “yo le hablo el oído a Iván” -en referencia al presidente de la República-, no tiene por qué invadir ni tratar de influir en las decisiones libérrimas del primer mandatario de nuestro país. 

Si el doctor Fernando Carrillo quiere ser candidato presidencial, tiene todo el derecho de hacerlo y si, por cuestiones del destino es elegido en el primer cargo de la nación, entonces tendrá la oportunidad, cuando le corresponda, de presentar a quien le plazca para la fiscalía general de la nación.

La constitución y la ley le permiten aspirar a la presidencia, pero debería tener un gesto de decencia -algo muy difícil de encontrar en personas de su talante- y renunciar a la Procuraduría General de la Nación.

No es admisible que se utilice una entidad con tanto poder para agenciar una aventura política. 

Lo cierto es que Carrillo, ese mismo que siendo embajador de Santos en España, llegó al extremo inaudito de lagartería, de mandar a escribir un libro intitulado “La estirpe de los Santos”, publicación que sorprendió a todo el cuerpo diplomático desplegado en la Madre Patria, cuando fue remitido desde el jefe de la misión colombiana, no está conforme con el cargo que actualmente ocupa. Sus aspiraciones son superiores y por eso, desde la procuraduría, se ha convertido en un activista político y no en un defensor de los intereses y derechos de los ciudadanos. 

Ahora, cuando el país está sufriendo los efectos nefandos de la revuelta alevosa estimulada por la extrema izquierda, el procurador Carrillo sacó a relucir su talante oportunista, al enviar mensajes confusos con los que intenta cuestionar las decisiones adoptadas por el gobierno nacional. 

Así mismo, en vez de rodear y proteger a los miembros de la policía nacional brutalmente agredidos por los antisociales, ha anunciado investigaciones temerarias contra los miembros del ESMAD, uniformados a los que el país les debe mucho, por su valentía y compromiso. 

Ojalá el doctor Carrillo entendiera que, en momentos de dificultad, cuando no se puede aportar con generosidad y desprendimiento, es mejor hacerse a un lado y guardar prudente silencio. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 26 de 2019