Que el presidente Juan Manuel Santos quiera hacer una serie de reformas a la Policía Nacional de los colombianos, no sorprende. Porque así él diga que dichos cambios no tienen nada que ver con las negociaciones de paz de La Habana, es evidente que la mano de las Farc está ahí.  Es que, desde el 2015, este grupo guerrillero ha manifestado abiertamente su deseo de reestructurar y reducir las Fuerzas Militares y la Policía. ¡Y todo parece apuntar a que se les va a cumplir!

En efecto, ya se habla de la Policía del Postconflicto y de la nueva cara que tendrá la Institución. Incluso, ya existe una hoja de ruta, con varias recomendaciones, que realizó una Comisión integrada por los exministros Juan Carlos Esguerra y Luis Fernando Ramírez; el Exconsejero para la Modernización y Exasesor del Secretario General de la OEA, Jorge Hernán Cárdenas; con la Secretaría Técnica del Director de Seguridad Ciudadana de la Presidencia, Juan Carlos Restrepo.

Entre las recomendaciones que le hacen al presidente Santos están: mayores exigencias para el ingreso a la Institución, tener más mujeres patrulleras, uniformados más capacitados, mayor presencia en zonas urbanas y rurales, que las investigaciones disciplinarias a uniformados sean lideradas por un oficial retirado y que estas no dependan de la Dirección General, y que el retiro se dé a los 30 años de servicio.

Así mismo, que la Policía deje el rol militar y se dedique a la seguridad en las zonas rurales y urbanas; que el personal uniformado de áreas administrativas salga de las oficinas a reforzar la seguridad ciudadana; y se revalúan algunas Policías Metropolitanas y se sugiere fortalecer ocho regionales, etc.

Sin embargo, al señor Presidente se le olvida que ¡primero lo primero! Y antes de acatar esas recomendaciones debe honrar su palabra. Es que el Gobierno Nacional “se pasó por la faja” una serie de compromisos, que incluían la actualización de los escalafones y, por ende, la mejora en las remuneraciones de los suboficiales de la Policía.

Ya es hora de que los Policías tengan una remuneración salarial digna y coherente con su trabajo. Señor Presidente: ellos se juegan la vida a diario y usted no valora eso. Además, ¡el dinero no solo debe ser para las Farc, su paz y su postconflicto!

Así mismo, ya es hora de evaluar las garantías que tienen los Policías del país para el ejercicio de sus labores. Es lamentable lo que sucedió esta semana en Bogotá, en la estación Granja de TransMilenio. Un uniformado fue apuñalado en su brazo por dos hombres en estado de embriaguez. En consecuencia recibió 60 puntos de sutura y Medicina Legal lo incapacitó por 15 días.

Los agresores fueron capturados y llevados a la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de La Granja. Luego, se realizó la audiencia y la juez los dejó en libertad porque no se comprometió la vida del Policía. Es decir, ¿tenía que morir el uniformado para que se valieran sus derechos y estos delincuentes pagaran cárcel? ¿Esto acaso no fue una tentativa de homicidio? ¿Cuáles son los derechos de los Policías y, en general, de los miembros de las Fuerzas Militares a la hora de ejercer su misión? ¿Con qué moral van a trabajar los 700 uniformados que prestan el servicio en Transmilenio, si la justicia es indiferente con sus derechos?

Yo sí creo que toda institución es susceptible de ser mejorada. Pero también creo que todo cambio se debe hacer bajo una premisa: “Cuidar lo más valioso”. Y en el caso de toda institución lo más valioso es su gente, su capital humano. Y la Policía Nacional no es la excepción. Puede que tenga sus “perlitas”, pero no se puede decir que toda la Institución está contaminada.

Quizá por eso me sorprendí cuando leí la osada propuesta que hace el Director de la Fundación Paz y Reconciliación, Ariel Villa, en su libro ‘Seguridad y justicia en tiempos de paz’. Él propone incluir a miembros de las Farc en la Policía Rural porque hay mandos medios de la guerrilla que tienen experiencia en combate, manejo de hombres y presupuesto, conocen las comunidades y, además, deben ganar más dinero porque el que les ofrece el gobierno es muy poco.

De corazón espero que esta propuesta solo quede en el papel de ese libro. Porque no puedo entender ese afán de algunos por rearmar a guerrilleros de las Farc. Además, me parece  irrespetuoso con la Policía Nacional como Institución. Si se supone que van a reestructurarla, este proceso debe ser motivado por un mejoramiento y no por darle gusto a ese grupo insurgente.

La resocialización de guerrilleros, que tienen un historial de violencia e ilegalidad, no puede hacerse con armas. ¡Todo lo contrario! Entre más lejos estén, mejor. Pero, como suelo decir, ¡amanecerá y veremos!

@Tatacabello

Publicado: mayo 12 de 2017