Los efectos económicos de la propagación del coronavirus son incalculables. No solamente la bolsa ha registrado caídas que llegan al 15 % y el dólar superó la barrera de los $4.000 pesos, sino que el impacto para la industria nacional está poniendo en riesgo miles de empleos.

Por ejemplo, el sector del transporte aéreo creó cerca de 600.000 trabajos en 2017 y aportó el 2.2% del PIB. Sin embargo, la caída del 30% del mercado que anunció la IATA a nivel Latinoamérica genera una incertidumbre más que preocupante, a la cual hay que sumar el hecho que Avianca, que controla el 54.5% del mercado doméstico, en el 2019 arrojó pérdidas por USD$894 millones.

Por su parte, el turismo que el año pasado registró la cifra más alta de visitantes en la historia del País -4´515.932- y que es responsable de 1.9 millones de empleos, indiscutiblemente se verá afectado por la reducción del 25% que se calcula que sufrirá el negocio a nivel mundial como consecuencia del virus.

Además, el sector de los bares y restaurantes, que anunció el cierre de todos sus establecimientos, genera 34.000 empleos directos, situación a la que se debe agregar el hecho que la cancelación o el aplazamiento de todos los espectáculos musicales y deportivos genera pérdidas multimillonarias. Nada más por mencionar un caso, el Festival Vallenato le permite a Valledupar tener una ocupación hotelera del 100% y mover cerca de $300.000 millones de pesos.

Por eso, es más que urgente que el Presidente decrete la emergencia económica. Esta facultad le permite al primer mandatario asumir temporalmente ciertas funciones del Congreso y legislar vía decreto con el objetivo de tomar las medidas necesarias para dar respuesta a la crisis. En vez de esperar meses a que el Parlamento apruebe una ley, con esta opción el Gobierno legisla en cuestión de horas.

Puntualmente, para este caso, podría crear o modificar impuestos que, por un lado, le brinden un auxilio a los sectores que más se han visto perjudicados, de tal manera que no se pongan en riesgo miles de empleos y, por otro lado, genere nuevos ingresos para la Nación que permitan sopesar la caída del precio del petróleo, el cual se proyectó para este año en USD$67 y va en USD$30 y el aumento del dólar que pasó de un estimado de $3.129 pesos a $4.080 pesos.

Las medidas tomadas hasta ahora, como posponer el pago de ciertos impuestos hasta el segundo semestre, podrían llegar a ser insuficientes. En especial, si se tiene en cuenta que ciertos nichos del comercio nacional van a estar en rojo durante buena parte del primer semestre del año, sin contar lo que sucedería si el Gobierno se ve obligado a declarar una cuarentena como ya sucedió en otros países. En tal evento, la repercusión se ampliaría a más sectores del mercado.

Adicional a lo anterior, dependiendo de cómo evolucione la pandemia, en uso de esa facultad el Gobierno podría llegar a modificar ciertas asignaciones del Presupuesto vigente, lo que le permitiría inyectarle recursos adicionales al sistema de salud -que está soportando la atención del virus- que estaban originalmente destinados a otros rubros de menor trascendencia en la coyuntura actual.

Según la Casa Blanca la crisis originada por el coronavirus podría prolongarse hasta julio o agosto. Nosotros, indudablemente, no podemos arriesgar a la industria nacional y los empleos que esta genera por tanto tiempo.

Presidente, decrete la emergencia económica ¡Ya!

@LuisFerCruz12

Publicado: marzo 18 de 2020