Nos gritaban con alevosía que había llegado el último día de la guerra, ubicaban pancantartas en las tribunas del Capitolio Nacional, creaban tendencias en el Twitter y nos señalaban como amigos de la guerra; esos alevosos fueron aquellos que decidieron autodenominarse amigos de la paz.

Por su puesto que en nada me alegra haber tenido la razón, hubiese querido desacertar en mi pronóstico, pero los lamentables hechos de los días recientes, no dejan duda que la paz que firmaron en papeles, no garantiza la finalización de los ataques terroristas en nuestro país.

Es imposible olvidar las amenazas del presidente Juan Manuel Santos y de su paniaguado negociador con las Farc, Humberto de la Calle. Fueron ellos quienes anunciaron la tragedia que hoy estamos viviendo por cuenta de la violencia generalizada que ha costado la vida de varios de nuestros héroes de la Fuerza Pública. ¿Acaso estaban reconociendo desde entonces su inevitable fracaso en materia de seguridad?

La paz no es el vacío que deja la guerra, la paz es un escenario en el que los valores y los principios sociales se vuelven oxigeno para los individuos que hacen parte de una colectividad, por eso fue que nunca confiamos en que firmando unas hojas y lanzándolas a los cuatro vientos, llegaría eso a lo que algunos decidieron llamar paz.

Los actos canallas contra los miembros de la Policía no pueden mantenerse en nuestro país, a los colombianos no se nos puede convertir en noticia simple el asesinato de uno más de nuestros soldados o policías; mientras esa condenada situación sea una constante y la sensibilidad de los colombianos se disminuya, los bandidos seguirán actuando con sevicia para intentar amilanar al pueblo.

Nos hemos preguntado, ¿hasta cuándo el presidente Santos continuará con su actitud blandengue contra el crimen? Ya es hora de que a Colombia regrese la mano dura, necesitamos un mandatario con carácter y firmeza, que no tema a ser el primer soldado de la patria y que no le tiemble la mano para enviar a una cárcel de los Estados Unidos a quienes desangraron la República durante 60 años.

En suma, queda comprobado que la paz no es un compromiso inicuo y estéril entre partes ilegítimas, el posconflicto del que tanto alardearon no existe en la practica, es de papel.

@Miguelcetina10

Publicado: enero 31 de 2018