La Revolución de los Claveles de 1974 significó para Portugal grandes cambios, más allá de la transición democrática. El regreso de los soldados, que habían estado luchando en las antiguas colonias portuguesas, llevo al país un importante número de consumidores de droga, especialmente heroína, quienes habían encontrado en esa sustancia un paliativo para los efectos de la guerra.

Las ansias de experimentar, asociado a la idea de libertad tras una larga dictadura, permitió que rápidamente se extendiera el uso de heroína entre la población. En poco tiempo, Portugal alcanzó un número considerable de ciudadanos que se habían convertido en consumidores problemáticos de droga y la proliferación de enfermedades como el Sida y la Hepatitis.

Hacia finales del Siglo XX, el 1% de la población portuguesa era adicta a la heroína, llegaron a más de 100.000 consumidores problemáticos, según registros oficiales, cifra en promedio muy superior a la de cualquier país europeo. En una población de 10 millones de habitantes, este se había convertido en el principal problema de la sociedad.

En 1999, durante el gobierno del hoy Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, y gracias al trabajo de un grupo interdisciplinario de expertos, crean la Estrategia Nacional Contra las Drogas, bajo un nuevo paradigma: Descriminalizar el consumo y la posesión de drogas. Hasta ese momento, el enfoque había sido la penalización del consumo, con muy malos resultados y con un esfuerzo económico insostenible.

La nueva política está basada en el humanismo, reconociendo al adicto como a un ciudadano con dignidad y sujeto de derechos, que requiere ayuda médica y social, pero que debe ser entendido en su dimensión personal y familiar. Pero a su vez en el pragmatismo, ante la evidencia  del fracaso en la criminalización del consumo, había necesidad de adoptar nuevas medidas que permitieran dar solución a un grave problema social.

La Ley 30 del año 2000 dice: “consumir, adquirir o poseer, para el propio consumo, plantas, sustancias o preparaciones de sustancias psicoactivas, constituye una contravención de carácter administrativo, siempre y cuando la cantidad no exceda lo previsto para uso individual en un periodo de 10 días. Exceder esa cantidad, prevista en la ley, constituye un delito y da lugar a sanciones de tipo penal.”.

Quienes son sorprendidos consumiendo o en posesión de drogas, deben comparecer, antes de 72 horas, ante una Comisión Disuasoria que hace un registro y una evaluación psicológica y social de la persona. Las decisiones y sanciones de la Comisión pueden ser: Presentaciones periódicas ante la Comisión, Amonestación económica, Servicio Comunitario, Prohibición de frecuentar ciertos lugares o ciertas personas, Retención de objetos y parafernalia asociada al consumo, Restricciones de viajar, Privación para recibir subsidios o ayudas económicas del Estado. Las sanciones son progresivas y dependen de cada situación.

En términos generales, han logrado reducir a la mitad el número de consumidores de heroína, la edad promedio en el inicio de drogas pasó de los 12 a los 16 años. La ley 30 del 2000 de Portugal, se ha convertido en un modelo para otros países europeos, ha permitido recoger suficiente evidencia frente a la utilidad de un nuevo paradigma, le ha permitido al Estado ahorrar miles de millones de euros, acercarse a los pacientes, conocer su situación, actuar a tiempo reduciendo daños y evitando que muchos jóvenes se inicien en el consumo de drogas.

Es hora de que Colombia empiece a pensar en nuevos paradigmas.

@SHOYOS

Publicado: abril 22 de 2017