El llamado Ejército de Liberación Nacional-Eln- ni es ejército ni nos ha liberado de nada. Es una guerrilla de viejo cuño, alimentada por el tráfico de estupefacientes, el secuestro, la minería ilegal del oro y el coltan, que ni siquiera se fundamenta en sus íconos históricos como los hermanos Vásquez Castaño, fundadores, y el cooptado sacerdote Camilo Torres. Nunca concluyeron los períodos de diálogos de paz que iniciaron durante varios gobiernos en los últimos treinta años y es probable que tampoco culminen en el transcurso del actual gobierno. No llegaban a la firma de un acuerdo. Tuvieron la fantasía del triunfo de las armas, pero temían que las Farc los acusara de traición revolucionaria tratándose de pactos con el Estado colombiano para su incorporación a la democracia, como ocurrió con el Ejército Popular de Liberación- Epl- maoísta.

Por el contrario, el Eln ha deseado éxito y buena mar a las Farc en su acuerdo de paz santista. El Eln no negocia su incorporación a un proyecto de paz con el Estado colombiano, legítimo y republicano, por varias razones: 1. La sociedad  no aprobará un acuerdo que vaya más allá de lo que han conseguido las Farc. Es más, la mayoría del pueblo colombiano rechaza ese acuerdo en sus puntos básicos, como lo hizo en el referendo del 2016 y con la elección de Iván Duque. 2. El Eln perdió todo referente ideológico, político y ético. Solo le queda un guerrillero fundador, Gabino. Los demás son unos viscosos “comandantes”, salvo el más rico hacendado venezolano, natural de Colombia, pero doble carta ciudadana, alias “Pablito”. La vejez inunda al Coce (Comando Central similar al Secretariado fariano) y los jóvenes no luchan por el poder, sino por la riqueza. 3. El Eln no se pertenece así mismo, sino a la  misión estratégica de la geopolítica del régimen chavista venezolano. Es una ficha importante para hostilizar a su vecino en el frente militar, y desgastarlo económicamente con la migración de tres millones de habitantes lanzados a la diáspora, en forma premeditada o por una combinación de circunstancias coyunturales.

Para mantener vivo al Eln, Maduro les hace concesiones en la frontera y les permite dominar los estados (Venezuela es un estado federal) limítrofes con el Brasil para efectos de minería. Esta retaguardia de los militares mafiosos venezolanos y de sus mentores políticos cubanos, está articulada con la llamada disidencia táctica de las Farc, cuyos verdaderos jefes, al verse descubiertos sus delitos continuados como narcotraficantes, se retiraron en la práctica de lo político partidista para protegerse militarmente en zonas de frontera. 

El Eln no llegará a un acuerdo de paz si el gobierno colombiano no lo reduce y obliga militarmente a acogerse a una propuesta de paz. Mucho menos si perdura la dictadura de Maduro y Diosdado en Venezuela. Los llamados a reiniciar conversaciones de paz con el gobierno que les hace el Presidente Duque, bajo condición de dejar en libertad a todos los secuestrados (retenidos los denomina la JEP) y cesar sus actos criminales y terroristas, es un aplazamiento retórico que llegará a rebosar una vez más, la resiliencia de la ciudadanía democrática.

La palabreja de moda, resiliencia, que no conocen los soldados ni los policías, ni los campesinos ni los maestros, ni el hombre del común, sirve para descrestar calentanos y paramunos. Significa la capacidad y adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o una situación adversa. Tampoco la conocen los oficiales de “inteligencia”. Ser resiliente es tener aguante (traducido al español colombiano).  

Hace 17 años el economista Jorge Humberto Botero señalaba: “Como lo demuestra la historia, las guerras terminan cuando uno de los bandos triunfa sobre el otro; o cuando ambos llegan al convencimiento de que el armisticio es la solución más “económica” para la obtención  de sus objetivos políticos…. El bando que acepta “negociar la paz en paz”, es porque ya perdió la guerra, o al menos, llegó al convencimiento de que no puede ganarla” . Y agrega: ”Muchas almas filantrópicas imaginan que existe una manera artística de desarmar  o derrotar al adversario sin excesivo derramamiento de sangre…En asuntos tan peligrosos como la guerra, la ideas falsas, inspiradas  en sentimentalismos son, precisamente, las peores”.

El Eln, llamados también “los helenos o elenos” o los griegos, son expertos en “mamar gallo” y sembrar falsas expectativas. Los protege un entorno internacional derivado del Foro de Sao Paulo. Por eso no les conviene la caída de Maduro. Dicen los fabuladores de Patio Cemento, vereda donde cayó Camilo Torres que cuando llegaron los refuerzos para  rescatar el cadáver del  benemérito cura, un guerrillero    sorprendido, pues Camilo ya era un santo entronizado vivo, dijo: “este si murió en olor de santidad. “Quisque” llegó un helicóptero y se lo llevó p’al cielo, antes que llegáramos nosotros”.  

Jaime Jaramillo Panesso

Publicado: noviembre 27 de 2018