Con Iván Duque están aplicando la apócrifa frase “mentid, mentid, calumnia, calumnia, que de la mentira y la calumnia algo quedara.”

Los colombianos crecimos viendo paros y marchas de FECODE, el poderoso sindicato que agrupa a profesores de colegios públicos. También nos acostumbraron a paros y marchas las centrales obreras que año tras año lo hacen para reclamar salarios, para impedir reformas o para celebrar el día del trabajo. Las marchas son una expresión democrática, simbólica, validas, y poderosa demostración de civilidad.

Yo he participado en marchas, especialmente en la última década para rechazar el accionar criminal de la banda terrorista Farc, y sin duda, también marché para rechazar acuerdo de impunidad otorgado en el acuerdo de La Habana. También marche para defender la Familia, sí la familia; la marcha más poderosa de la sociedad colombiana para defender el derecho que nos asiste a los padres de familia de inculcar a nuestros hijos las primeras enseñanzas sobre educación sexual y no a través de cartillas institucionales conocidas como ideología de género. No estoy contra las marchas, ni contra los paros, dejo claro mi posición.  

El debate en torno a la marcha del 21/11 es el método y los instrumentos utilizados en las marchas que de acuerdo con los hechos probados demuestran que tienen un fin anarquista, desestabilizador, vandálico que terminan en acciones terroristas. Creo que es imposible debatir y argumentar con los promotores del paro, para ellos solo existe la verborrea, la arenga y el insulto para enardecer los ánimos de un sector de la sociedad, especialmente jóvenes, quinees sin ninguna rigurosidad o evaluación, se están dejando manipular y llevar a la hoguera por parte de docentes, medios, artistas, influyentes y políticos, quienes saben que a través de estos mecanismos ganan activos en todos los órdenes.

Todos esperábamos de Iván Duque un gobierno de mano dura, línea seguridad democrática, pero el presidente ha decidido concentrar su gobierno en la tarea responsable de estabilizar y recuperar la económica del país y el impulso de la economía naranja. No voy a entrar a debatir si se han equivocado en la forma que comunican las ejecutorias del presidente, ni tampoco pretendo darle consejos al presidente de la República en un escrito; lo que si dejo claro es que ha sido miserables en la forma conjunta, articulada y libreteada que ejecuta la oposición en manipular información y desacreditar al presidente y su gobierno a través de mentiras repetidas por mil.  

Con Iván Duque están aplicando la apócrifa frase “mentid, mentid, calumnia, calumnia, que de la mentira y la calumnia algo quedara.” Los estudiantes repiten perturbadamente que marchan por la educación cuando este gobierno ha concentrado y destinado como ninguno antes su presupuesto en la vigencia 2019 y 2020 para la educación. Los sindicalistas y la izquierda arenga en todas las tribunas que el gobierno prepara reformas laborales inexistentes y dan por hecho propuestas salariales y laborales de sectores privados y políticos que buscan dinamizar la economía y promover empleo estudiantil, generando ideas para el debate.

Pero lo que más me genera fastidio y radicaliza mi posición contra la marcha del 21/11 es con las personas que en redes sociales o espacios públicos vociferan “nos están matando”, para referirse a los crímenes de “lideres sociales” que por diferentes circunstancias han sido asesinados por grupos criminales que se disputan especialmente el negocio del narcotráfico. Y sin profundizar con los que alegan “están matando nuestros niños,” maniqueísmo para esconder el creciente reclutamiento de adolescentes por parte de las disidencias de las FARC como también para barnizar la vocación criminal de varios adolescentes que por diferentes circunstancias terminan en las madrigueras de grupos terroristas.

Lo cierto es que el paro del jueves puede ser el inicio de otra temporada de polarización que vive a niveles inimaginables, peligrosos y violentos. Esta demostrado en la historia de Colombia que somos una sociedad que no se deja intimidar, violentar ni menos degradar en su dignidad humana o patrimonial. ¡Que no se equivoquen los violentos ni los promotores del paro! Aquí convive entre ustedes una ciudadanía silenciosa y multitudinaria que está dispuesta a todo si se pretende utilizar el todo para imponer sus fines políticos. 

Ojalá demuestren que estamos equivocados, juego en esta oportunidad a la equivocación.

@LaureanoTirado

Publicado: noviembre 19 de 2019