Cada vez son más las voces autorizadas que plantean que la ministra de Justicia, Gloria María Borrero debe renunciar a su cargo, luego de que se conociera el manejo lamentable que su cartera le ha dado al delicado caso de la extradición del capo del narcotráfico, alias Jesús Sántrich.

En su columna semanal, los juristas Abelardo De La Espriella e Iván Cancino, ambos cercanos al gobierno del presidente Iván Duque, pidieron la dimisión de la funcionaria. A ellos, se han sumado muchas voces al interior del Centro Democrático, colectividad que desde el comienzo ha tenido pésimas relaciones con la ministra, quien no ha entendido que el CD es el partido de gobierno.

Ha trascendido que la procuraduría general de la nación abrió investigación disciplinaria contra funcionarios del ministerio de Justicia, la cancillería y la empresa de correos estatal, 4-72.

Resulta altamente frustrante que distintas entidades gubernamentales terminen enredadas en sendos procesos disciplinarios por cuenta de la improvisación, impericia y falta de compromiso de la doctora Borrero, quien ha dado sobradas muestras de incapacidad en el ejercicio de su cargo. 

Ella es una formidable investigadora académica, pero ha resultado ser una muy mala gestora pública y sus fallas al frente de la cartera de Justicia terminan afectado de manera gravísima e injusta al gobierno de Iván Duque quien como candidato presidencial asignó una singularísima importancia a los asuntos relacionados con la rama jurisdiccional. 

La doctora Borrero debe saber que gracias a la indolencia que ha observado en el caso Sántrich, el electorado del presidente Duque en particular y la sociedad en general ha empezado a sospechar que la voluntad del Ejecutivo es la de salvar a ese mafioso de la extradición, cosa que es en absoluto cierta. 

El presidente Duque desde siempre ha tenido la más firme convicción de que aquellos terroristas de las Farc que delincan con posterioridad a la firma del acuerdo celebrado de manera ilegítima entre Juan Manuel Santos y Timochenko, deben recibir todo el peso de la ley. Sántriches uno de ellos, razón por la que la voluntad del primer mandatario es la de conceder, si así fuera posible, la extradición solicitada por la justicia estadounidense. 

Cuando un ministro se equivoca de manera grave -y la doctora Borrero sí que lo ha hecho-, debe irse del cargo para evitarle un desgaste innecesario al gobierno. Su condición de funcionarios de libre nombramiento y remoción convierte a los ministros en personas de las que el presidente puede prescindir en cualquier momento. 

Quienes conocen el talante sereno del presidente de la República, saben que él no es una persona que acostumbre a despedir colaboradores. Aquello es una cualidad potísima del temperamento del primer mandatario, lo cual no es óbice para que quienes conscientemente saben que se equivocaron, con gallardía y generosidad extiendan su renuncia irrevocable. 

Queda un pésimo sabor con esa investigación que ha iniciado la procuraduría contra distintos funcionarios del gobierno, pues en el caso entre manos la única responsable -por acción u omisión- es la doctora Gloria María Borrero, ministra que ha perdido credibilidad y, lo que es más grave, respeto tanto en las ramas del poder público como en la sociedad que la ve como una funcionaria incapaz de cumplir cabalmente sus funciones. 

@IrreverentesCol

Publicado: febrero 4 de 2019