Petro está mintiendo y sabe que lo hace. Se está jugando sus restos para ganar la presidencia en 2022 y la pandemia le ha caído como anillo al dedo para aceitar su discurso populista y mentiroso. 

Valiéndose del empobrecimiento y la incertidumbre que ha causado el COVID-19, ha apuntalado su discurso irresponsable de corte totalmente chavista. 

Recientemente, en su cuenta de Twitter, volvió a amenazar con la necesidad de “redistribuir riqueza”, lo que en la práctica -como él mismo planteó en las elecciones de 2018- significa poner en marcha expropiaciones de bienes que pertenecen a particulares. 

En abril de 2018, días antes de la primera vuelta presidencial, en una manifestación en Puerto Tejada (Cauca) proyectó que, si era elegido, procedería a la “adquisición” de 30 mil hectáreas dedicadas al cultivo de caña de azúcar que, según él, “tienen que trasladarse a las comunidades para producir diversidad de productos e industrializar”.

Esa intervención, encendió todas las alarmas e hizo inevitable recordar los tristemente célebres ‘exprópiese” de Hugo Chávez. 

En tiempos en los que millones de colombianos han perdido el empleo como resultado de la cuarentena, esa misma por la que la extrema izquierda continúan propugnando, Petro le ha dado rienda suelta a sus propuestas fantasiosas que él mismo sabe que son inaplicables, pero que pueden llegar a enganchar a incautos agobiados por la situación económica del país. 

Ha propuesto “cero pago de deudas”. Eso, significa la condonación de las mismas. El dinero que tienen los bancos no es de ellos. Esos recursos pertenecen a millones de ahorradores. Cuando se condona una deuda, claro que pierden los bancos -que cobran elevadas tasas de interés-, pero los más perjudicados son los ahorradores que han depositado sus recursos en el sistema financiero. 

La condonación de deudas es una forma burda de expropiación. Aunque es presentada como una suerte de “reivindicación” popular frente a la banca -que la izquierda históricamente ha catalogado como la responsable de buena parte de los males sociales-, al final del día los grandes perdedores de una suspensión de pagos crediticios son los ciudadanos que depositaron sus ahorros en la banca convencional. 

Como si aquello no fuera suficiente, Petro favorece una cuarentena rigurosa -a sabiendas que aquello acabará de liquidar la ya deprimida economía- lanzando mensajes aún más confusos como la suspensión de pagos de los arrendamientos y servicios públicos, endosándole esa responsabilidad al Estado. 

Aquello, significaría un cataclismo económico y la instauración de un estado asistencialista en un país sin disponibilidad presupuestaria. Ni siquiera los Estados más fuertes y con mayor capacidad económica pueden asumir los compromisos que Petro irresponsablemente está planteando para nuestro país. 

El gobierno tiene que hacer un esfuerzo para evitar que la tragedia avasalle a los sectores más vulnerables y que mayores perjuicios han sufrido durante la crisis, pero siempre con responsabilidad y rigor para efectos de evitar un daño estructural. Frente a la sensatez de nuestros dirigentes, la izquierda ha llegado a extremos delirantes como proponer la emisión indiscriminada de dinero, cuya consecuencia sería nefanda. Basta con darle una mirada rápida a Venezuela, donde la inflación en el primer semestre de este año se acerca al 300%, según las propias autoridades de ese país.

Es evidente la apuesta de Petro con la que busca aumentar el caos, el crecimiento del empobrecimiento y la expansión del descontento social. Aquellos elementos, cree él, son abono para su discurso extremista y abiertamente enemigo de la economía de mercado. 

@IrreverentesCol

Publicado: junio 30 de 2020