En el 2010 me encontraba de paseo fuera de la ciudad, recibí la llamada de mi mamá, para avisarme que Pipe resbaló por el balcón y cayó al pavimento desde el octavo piso. Para la época la señora que nos prestaba servicios de aseo en el hogar, pertenecía a una iglesia cristiana, a veces resultaban algo incomodas sus conversaciones. Todas sus frases venia entrelazadas con la palabra “papito dios.” Anita, tomó a Pipe y le “impuso las manos”, mientras pronunciaba sentencias con tal fuerza que no sabía si estaba regañando al animal en medio de un régimen militar. Mi mamá por el teléfono, me decía que dudaba que Pipe se salvara, de su nariz y su boca, salía sangre. Con cuidado lo pusieron en la cama y de tanto en tanto lo veía mi mamá mientras esperaba que yo llegara. Ese mismo día llegué y lo lleve al médico. No le encontraron ningún hueso roto. Un milagro había ocurrido con el animal.

Pipe da la impresión de ser un ser evolucionado, no interactúa con los de su especie, vive pegado al borde de las cama, sale poco y exige amor. He llegado a preguntarle al veterinario si quizás hay pastillas para la depresión en animales. Ya se imaginaran la cara de mi doctor.

Hace tres noches estaba encima de la nevera, lo saludaba siempre que lo veía pero esta vez su mirada estaba perdida, y le pregunte si estaba enfermo. Puede que suene extraño, sé que me consideraran “loca”, pero el gato asentó con la cabeza. Rápido busqué una silla para bajarlo, lo examiné y vi sus encías pálidas. Siempre tengo a la mano remedios, le dí un multivitamínico y lo obligué a comer. Aceptó algo de la comida pero vomitó el resto. Eran las dos de la mañana, y su aliento le alcanzó para llegar a la cama. Al día siguiente, pensé en llevarlo al veterinario pero Pipe quizás sabiendo que estaba viviendo tiempo extra, decidió alejarse. No lo volví a encontrar. He recorrido la vereda en su búsqueda, no falta el que se me acerca a preguntarme que cómo es el niño…

Mis gatos se llaman como los humanos, precisamente previendo que se pierdan, no verme tan ridícula, gritando firulay o copito de algodón.

Le doy gracias a la vida por los animales que ha puesto en mi camino pero le pido un poco más de fortaleza porque me derrumbo cuando uno decide partir.

No sé que implicaciones pueda tener esta columna, pero no puedo escribir lo que no siento.

No se priven de la maravillosa oportunidad de compartir su vida con un animal. No hay amor más puro y genuino que la de estos pequeños seres tocados por Dios.

Mi religión son mis animales. No encuentro inquina en ellos.

Pipe lindo, gracias por tu vida, iluminaste la mía mientras decidiste compartirla conmigo.

Si no vuelves, resérvame un lugar al lado tuyo para cuando a mi también se me apague la luz.

P.D. Felicito a Medellín que ya tiene un centro de bienestar Animal. (Se llama La Perla).

Felicito al alcalde Enrique Peñalosa por la construcción de La Casa de los Animales, lástima que el alcalde de Bucaramanga salió con un chorro de babas después de comprometerse en Notaria Pública, a la construcción de un centro de bienestar.

@LeszliKalli

Publicado: marzo 15 de 2017