Se ha anunciado que el próximo 21 de noviembre, se adelantará un paro nacional contra el gobierno del presidente Iván Duque.

La iniciativa, que claramente está motivada por los sectores extremistas que lidera el corrupto Gustavo Petro, tiene como propósito encender una llama similar a la que hoy está incendiando a Chile, con la diferencia potísima de que en Colombia no existen razones válidas que justifiquen una paralización de nuestro país.

Se ha registrado en las recientes manifestaciones de estudiantes, que los motivos por los que supuestamente los jóvenes han salido a las calles, han sido plenamente desplazados por las barahúndas.

Quizás aquellas marchas carecen de una lógica elemental que aliente su razón de ser, y el único motivo de las mismas, sea el aliento indiscriminado del desorden, la violencia y la tropelía.

Hace pocos días, la CUT -Central Unitaria de Trabajadores-, organización que lidera el paro nacional, convocó a una reunión de la que hicieron parte los distintos sectores que participarán en el mismo. 

Al término de la asamblea de izquierdistas, se emitió un comunicado de 13 puntos en el que se enunciaron las tareas que se adelantarán para lograr que el 21 de noviembre, Colombia sea totalmente paralizada.

Llama la atención que en el panfleto emitido por la CUT, no haya una sola razón objetiva para convocar el paro. En el numeral uno, se lee: “Este es un paro político contra el paquetazo del gobierno Duque, el FMI, la OCDE, por la paz y la vida”.

¿Qué tiene que ver el Fondo Monetario o la OCDE en todo esto? Además: si a la izquierda extrema no les gusta el gobierno de Iván Duque, ¿aquello justifica que se planee una parálisis del país, que puede desembocar en hechos lamentables como los que se han registrado en estos días en otros países de la región?

Lo primero, es garantizar la seguridad de los colombianos. La policía, específicamente el Escuadrón Móvil Antidisturbios –ESMAD-, goza de la capacidad y legitimidad suficientes para asegurar que el cacareado paro nacional del 21 no desemboque, como todo indicaría, en una peligrosa asonada. 

Acá no estamos ante una protesta sustentada sobre reclamos legítimos, sino en una estratagema para alterar de manera gravísima el orden público. Y el gobierno nacional, que no es ingenuo, tiene en sus manos las herramientas políticas suficientes para evitar que ese paro se lleve a cabo -a través de un diálogo previo con los sectores que están convocando-, o recurriendo al uso legítimo de la fuerza. 

Los convocantes al paro tendrán que escoger qué prefieren: si la charla sensata, o la fuerza. 

Lo cierto es que en este episodio, el país entero tiene el deber patriótico de rodear al gobierno nacional y respaldar cerradamente las decisiones que el Ejecutivo adopte para evitar que los revoltosos se salgan con la suya, pues debe quedar muy claro que Colombia no es, ni puede ser, otro Chile. 

@IrreverentesCol

Publicado: noviembre 5 de 2019