Son incorregibles, son comunistas, nada qué hacer…

Todos, absolutamente todos, todos los experimentos comunistas han terminado con la destrucción de la economía; destrucción de la que deviene la pobreza absoluta, y con la pobreza, el hambre. Una sola palabra, una sola, le ha dado el ucraniano al castellano, holodomor, que significa hambruna. Así denominaron, holodomor, la hambruna artificial planeada en Ucrania por Stalin (1932 y 1933) que cobró millones de vidas. ¿Cómo la provocó? Forzando la colectivización de la agricultura, pronunciando el fatídico ¡exprópiese! Es la constante histórica, es la maldición del marxismo.

Es un tema de locos. Es una obsesión. Es el odio convertido en ciencia y en religión. El marxismo es el LSD de los políticos comunistas y es el opio de los pueblos esclavizados por ellos. El marxismo es el opio del pueblo. Cuba y Venezuela (con Uruguay las economías mas prósperas de América Latina en 1959) hoy son dos países náufragos, hambrientos, son gobernados por marxistas. No hay nada más que decir, qué investigar, qué explicar. El marxismo los arruinó y los tiene sumidos en la miseria. La principal actividad económica de la Venezuela marxista, es la mendicidad; la segunda, el saqueo de comercios; la tercera, el narcotráfico.

Cuando los marxistas olisquean el poder, les sale del consciente y del inconsciente la palabra ¡expropiese!, así, gritada. Ellos odian la iniciativa privada, el ahorro personal, la gestión individual de los negocios; les enfurece. En sus sueños se les aparece Prudhon gritando, “la propiedad es un robo”. Ellos prefieren hambre socialista a prosperidad con propiedad privada. La prefirieron Fidel y el Che en Cuba, Chávez y Maduro en Venezuela. 

Ahora Pablo Iglesias, vicepresidente de España, quiere aprovechar la coyuntura, y, si le damos papaya, Petro lo hará en Colombia si llega en 2022.

Los marxistas españoles están en el poder. Su cabeza, Pablo Iglesias, es vicepresidente. Como una serpiente bíblica, Iglesias ha aprovechado el caos de la pandemia ‘coronavírica’, y escudado en la figura (también marxista) del “uso alternativo del derecho”, ha pedido que se aplique el artículo 128 de la Constitución española, para nacionalizar los ahorros, expropiar las casas y apartamentos dados en arriendo y las empresas del sector de la salud (antes ha insinuado, también, la nacionalización de compañías eléctricas y de los medios de comunicación).

En Colombia, Petro -que con las FARC es vocero de los marxistas criollos-, también salió a pedir esta semana la expropiación de bienes dados en arrendamiento, cuando se desaloje a arrendatarios incumplidos. Antes se ha desgañitado contra la inversión privada en el sector salud (la que, precisamente, sacó a Colombia de la oferta exclusiva de salud de caridad y de los roñosos hospitales públicos de antes de la Ley 100). Amén de sus discursos contra la banca, la educación privada, el comercio y la prensa.

Es decir, Iglesias en España y Petro en Colombia, como cualquier adicto irredimible, como cualquier gamberro reincidente, a la primera ocasión han intentado introducir su método marxista anticapitalista. Como Lenin, como Mao, como Castro, Como Chávez…

Hay ingenuos que creen que la miseria material no es consustancial e inherente al marxismo. ¡Ingenuos! Marxismo y ruina son sinónimos. H.G. Wells, el genio literario que profetizó el infierno del totalitarismo marxista, fundó sus predicciones en la realidad que observó, en vivo y en directo, en su viaje (1920) a la Unión Soviética, entrevista incluida a Lenin. Su libro es Rusia tal como yo la he visto. Hagan de cuenta que viajó por las Venezuela y Cuba de hoy. 

Les doy un abrebocas por si quieren leer a Wells en esta larga clausura: “Antaño, las calles de Petrogrado estaban flanqueadas de tiendas prósperas. Recuerdo haber vagado por allí agradablemente, en 1914, comprando chucherías, observando la vida abundante de la gran ciudad. Hoy todas las tiendas han dejado de existir (…). Cosa asombrosa, en esta ciudad cuya población decrece cada día y en que la mayor parte de los habitantes muere de hambre, en que casi nadie tiene ya dos trajes o más de una muda de ropa interior gastada y remendada, se venden y compran flores todavía”.

Sí. Es el marxismo, el eterno retorno hacia el hambre.

@JOSEOBDULIO

Publicado: abril 6 de 2020