Buena parte de las denominadas organizaciones defensoras de los derechos humanos de Colombia, son fabulosas industrias dedicadas a espoliar al Estado. El caso más aberrante, se presentó con ocasión de la masacre de Mapiripán, en la que el “Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo”, acreditó ante la justicia interamericana a víctimas falsas con el propósito de reclamar multimillonarias indemnizaciones.

Un elevado porcentaje de esas indemnizaciones, fueron a parar a las arcas de esa ONG de reconocida militancia en la extrema izquierda. 

Tristemente, los Derechos Humanos se convirtieron en un estupendo negocio. Las ONG concentradas en elevar denuncias contra el Estado, reciben jugosos aportes sin tener la obligación de hacer públicas sus cuentas.

Además del aspecto económico, está el capítulo político. Abundan los representantes de la izquierda que han erigido sus carreras electorales presentándose como defensores de derechos humanos. Iván Cepeda, es un ejemplo perfecto. 

Como si se tratara de una patente de corso, amparado en su condición de defensor de “presos políticos”, Cepeda se paseó por las más peligrosas cárceles del país, buscando desmovilizados que se prestaran para declarar -mentir- en contra del presidente Uribe, a cambio de toda suerte de pagos, promesas de asilo político para sus familiares y beneficios penitenciarios. Ese delito, sigue impune. 

El nuevo objetivo de la extrema izquierda es el ESMAD, cuerpo profesional de las más altas calidades profesionales, encargado de contener todas las alteraciones del orden público.

De manera irresponsable, en las últimas horas el miembro de la banda terrorista M-19, Gustavo Petro aseguró que el joven Camilo Mondragón era víctima del ESMAD. En su cuenta de Twitter escribió: “Estamos ante un caso de desaparición forzada y posterior asesinato de un joven que había sido capturado por el Esmad. Duque está pasando al ejercicio de una dictadura y lo peor es que ni sabe lo que está haciendo”.

Trino de Petro, que borró sin ofrecer excusas a la familia de la víctima

Sin hacer la respectiva confirmación de la información, sin averiguar detalles, Petro hizo la publicación que minutos después fue desmentida por los padres del muchacho, que se vieron obligados a interrumpir su duelo para hacer la corrección e impedir que Petro siguiera intentando obtener réditos políticos a costa de su tragedia. 

“Lo único que nosotros queremos, es que respeten nuestro dolor, que no difundan información que no es y que por favor no interfieran en la investigación. Yo quiero que se aclare qué fue lo que le pasó a mi hijo, necesito que se haga justicia. La información que había publicado Petro, que él estuvo en las marchas, es totalmente falsa. Él estuvo conmigo todo ese día. Le agradezco que no siga difundiendo eso, por favor”, expresó, a través de un video, la acongojada madre de Juan Camilo. 

Es evidente que a Petro, quien cobardemente borró su trino mentiroso sin ofrecer excusas a la familia del muchacho, le tiene sin cuidado la tragedia de la familia Mondragón. Su objetivo no es humanitario, sino politiquero: acabar con la Fuerza Pública al precio que sea. 

Indigna que la justicia y los organismos de control, específicamente la Procuraduría General, continúen volteando la mirada frente a las acciones incendiarias del senador Petro quien, con toda impunidad, no pierde oportunidad para confundir, desinformar y estimular el odio entre los colombianos. ¿Hasta cuándo?

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 10 de 2019