No hay que perder tiempo en hacer análisis o conjeturas sobre las posibles consecuencias judiciales del escandaloso video del jefe exterrorista, Gustavo Petro, recibiendo, contemplando y empacando una gruesa suma de dinero en efectivo, más en un país como el nuestro, donde la impunidad produce nauseas. Es muy posible que la corte suprema de justicia, esa misma en la que algunos de sus magistrados también han protagonizado escenas idénticas a las de Petro, no haga absolutamente nada para sancionar su conducta. Al decir popular, entre bomberos no se pisan las mangueras. 

Las consecuencias de esas imágenes son políticas. Aquel video es a Petro, lo que a Pablo Escobar fueron las fotografías tomadas por el piloto estadounidense Barry Seal en las que el capo empacaba toneladas de cocaína. Para uno y otro, dichas imágenes se constituyeron en la prueba reina de su comportamiento criminal. Antes de Barry Seal, contra Escobar no existía evidencia ninguna de su vinculación con el narcotráfico; antes del video de Petro, a pesar de los muchos comentarios que se oían en el mundo político, no había prueba de su corrupción y maridaje con el mundo subterráneo de la mafia y los carteles de la contratación. 

En su columna dominical en LOS IRREVERENTES, el abogado Abelardo De La Espriella reveló detalles verdaderamente escalofriantes de la operación criminal en la que estaba involucrado Gustavo Petro en el momento en que fueron entregados esos dineros, aparentemente en el mes de abril del año 2009. 

De acuerdo con lo denunciado por el jurista De La Espriella, Petro recibió aquel dinero como parte de un multimillonario pago que le hizo el mafioso extraditado a los Estados Unidos, Daniel El Loco Barrera, quien estaba interesado en que Petro promoviera desde el congreso de la República una iniciativa tendiente a eliminar de una vez por todas la extradición de ciudadanos colombianos hacia los Estados Unidos. 

En la trama revelada y detalladamente explicada por Abelardo De La Espriella, participan bandidos de todos los calibres y se explica la importancia que jugaban en esa operación el arquitecto Simón Vélez y el también exterrorista y compañero de fechorías de Petro, Juan Carlos Montes. 

Hay elementos de esta escabrosa historia que son inexplicables y por más que intente, Petro no logrará aclarar. Las contradicciones que hubo en los minutos posteriores a la revelación del video por parte de la senadora Paloma Valencia, seguidas por el silencio cobarde de Gustavo Petro que es tan valiente y altanero para señalar a sus malquerientes y tan medroso cuando de aclarar su comportamiento se trata, son la prueba irrefutable de que esa escena no tiene explicación legal ni ética posible.

La gran prensa, los grandes medios –esos mismos que han inflado irresponsablemente a Gustavo Petro-, casi temerosamente han tenido que salir a exigir explicaciones. Resulta vergonzoso el tono timorato con el que medios como Semana  y El Espectador han tratado esta historia. ¿Qué tal que el que apareciera en el video fuera un dirigente uribista? Esa persona estaría perfectamente liquidada y la lapidada, como ha sucedido en otros casos de mucha menor gravedad.

Nadie pide que a Petro lo linchen, pues lo necesitamos en sus cabales para poder continuar cuestionándolo y poder seguir enrostrándole estas y las demás imágenes de él, protagonizando escenas reprochables. 

Lo cierto es que políticamente, el cabecilla de los denominados “decentes”, está acabado. Aunque sus seguidores más fieles, cual perritos falderos siguen batiéndole la colita, no son pocos los sectores de la izquierda que han empezado a desmarcarse de él, pues no tiene coartada alguna, desde el mismo instante en que el arquitecto Simón Vélez, quien tendrá que aclarar ante la justicia sus vínculos asquerosos con la mafia, dijo a través de un comunicado público que él jamás le ha prestado dinero a Gustavo Petro.

Han pasado muchos días desde que estalló el escándalo. Tiempo más que suficiente para que Petro fabrique una teoría del caso y ensaye un libreto que seguramente saldrá a repetir, pero nadie puede ser tan ingenuo de creerlo, como tampoco tienen asidero las denuncias de amenazas que supuestamente han recibido sus amigos y familiares. 

No hay que olvidar los antecedentes de ese sujeto: cuando es cuestionado, inventa una amenaza. Cuando no logra atraer la atención de los medios de comunicación, convierte una pedrada en un “atentado” terrorista en su contra. 

Que nadie se sorprenda si en cualquier momento el máximo representante del castrochavismo en Colombia, resuelve viajar a la ciudad de Washington para golpear las puertas de la comisión interamericana de derechos humanos para efectos de pedir medidas cautelares. 

Inaudito sería, pues si alguien necesita unas medidas cautelares, es la sociedad colombiana en pleno que requiere ser protegida de un peligroso delincuente como es Gustavo Petro, ese mismo que pactó con lo más asqueroso del narcotráfico, representado por El Loco Barrera la eliminación de la extradición. 

@IrreverentesCol

Publicado: diciembre 3 de 2018