Rodolfo Hernández Suarez, el actual alcalde de Bucaramanga, se pasó tres años de los cuatro de su mandato, cazando peleas contra el partido liberal y acusando a todo el que se le pasaba por su camino y su mente, de corrupto, a tal punto que atemorizó a la potencial oposición que esta prefirió callar por físico miedo a ser acusada de integrante del cartel de la corrupción, ese que nunca desenmascaró y que únicamente quedó descubierto cuando nos dimos cuenta que su hijo y su esposa, querían llevarse una comisión de nada más y nada menos que de 100 millones de dólares por redireccionar un negocio de las basuras, llamado entre la ciudadanía el “negociado de VITALOGIC” o el VITALOGIC GATE rememorando los grandes escándalos de antaño, que consistía en la contratación para la implementación de una novedosa tecnología para el tratamiento de las basuras de la región y que a la postre tiene hoy en un colapso sanitario a los municipios que llevan  sus basuras al único relleno sanitario del área, que desde hace varias décadas queda en Bucaramanga.

Parece que nada le salió bien. Ni siquiera la promesa de campaña de construir 20 mil viviendas para los más pobres y eso que su experiencia como profesional del sector privado, es el área de la construcción. Tampoco salió con nada cuando nos prometió ante un Notario Público, la construcción de un Centro de Bienestar Animal.  No hay mayor cosa por mostrar más allá de su aparente ¨lucha frontal¨ contra la corrupción, discurso que se abanó cuando su familia pretendía la coima que expliqué en el primer párrafo.  A propósito, la investigación como otras tantas del sector público, duerme en la Fiscalía.

Rodolfo Hernández no logró tan siquiera armonizar el clima laboral en la alcaldía.  Trata a todos los funcionarios públicos de corruptos y ladrones por la sola condición de servidor público. Pareciera que a él lo público le produce alergia y desgano, pues compara la administración pública con una factoría, a tal punto que todos los que laboran en el edificio de la alcaldía tratan de llegar lo más pronto y salir lo más tarde para no encontrase con “el viejo” como le llaman en los pasillos.  Los funcionarios de carrera lo ignoran y los de libre nombramiento le temen.  La alcaldía es una administración fantasma, lo único que funciona armónicamente, es la oficina de atención al ciudadano tal vez porque por allá, dicen que no arrima para nada.

También se enganchó con el alcalde de Floridablanca, el municipio vecino porque este se rehusó a recibir el centro recreacional Acualago, una entidad de derecho privado, manejado por particulares, que se encontraba en crisis económica, cuyos predios son de propiedad de la Gobernación en cabeza de la Lotería de Santander y se localizan  en jurisdicción de Floridablanca. Sin embargo, sin importarle el efecto fiscal para el municipio de Bucaramanga, se hizo cargo con el absurdo argumento que eso debió haberlo hecho el alcalde de Floridablanca.  Miles de millones han sido ejecutados con la premisa de ¨ocio bien aprovechado¨ para niños, adolescentes y adultos mayores.

Políticamente se acercó al Centro Democrático, a Cambio Radical y al Partido Verde para las elecciones nacionales, pero ahora en las regionales está estableciendo alianzas con la Colombia Humana de Gustavo Petro.  En el argot político de Santander, dicen que Rodolfo da más vueltas que una persona desvelada y que sus posturas tienen forma de buñuelos por las vueltas que estos dan en el freidor.  Ha hecho tantas acusaciones como igual número de rectificaciones y retractaciones, por supuesto por orden judicial.  Un día dice que alguien es pícaro, bandido y a los pocos días sale afirmando lo contrario.

Conozco a Gustavo Petro, todos saben que trabajé con él y conocieron cómo terminó eso; conozco a Rodolfo y todo lo que prometió para ser alcalde, voté por él y no me arrepiento. Su elección en Bucaramanga ha servido para poner a pensar al colectivo ciudadano y  entender que cada quien llega con su costal de intereses y con su séquito de súbditos.  Se debe evitar que la mezcla de Rodolfo  y Petro se tome el poder, porque acabarán no solo con Bucaramanga, sino con Santander.

P.D: delante mío el alcalde criticó dos candidatos a la Cámara de Representantes por el Centro Democrático, no los bajaba de bandidos … y pocas semanas después, un secretario, al que consideraba recto porque se indignaba con los niveles de corrupción de uno de esos candidatos, terminó haciéndole reuniones políticas con líderes sociales en su propio apartamento.  Me pregunto a qué acuerdo llegaron para que la memoria se le embolatara.

Publicado: noviembre 22 de 2018