No basta con quitarse el camuflado, o deponer las armas empuñadas como método de coacción al Estado, la desmovilización de un guerrillero debe pasar también por su abandono de conductas desviadas, es decir la no alteración del bien común; cosa esta que el exguerrillero del M-19, Gustavo Petro, no ha comprendido.

Durante su vida pública Petro ha sido un fiel infractor de la legalidad, fue así como desde muy joven se matriculó en las filas del grupo insurgente “Movimiento 19 de abril”, mejor conocido como M-19. Cabe recordar que dicho grupo se dedicó al terrorismo y en asocio con el norcotraficante Pablo Escobar, asesinaron incinerando a los magistrados del Palacio de Justicia y a otros varios colombianos en las jornadas trágicas del 6 y 7 de noviembre de 1985.

Luego de ello, bajo un acuerdo de esos que uno no termina nunca de entender, el exguerrillero Petro fue indultado y siguiendo el ejemplo de otros revolucionarios de su estilo, utilizó la política como escenario propicio para expandir su ideario, en el que la combinación de las formas de lucha es el manual que a raja tabla cumplen hasta hacerse con el poder.

Tan sólo hay que observar el nefasto papel que como alcalde de Bogotá realizó, fue tan burda su administración que el entonces Procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez, tuvo que intervenir para aplicar una justa sanción disciplinaria, que luego seria removida más por componendas politiqueras que por fallos en estricto derecho.

Por supuesto este discípulo aventajado del tirano Hugo Chávez, no quiere que su tarea concluya antes de haber sometido a Colombia al mismo destino que hoy padece la hermana Venezuela. Es entonces cuando lo vemos proponer su nombre de cara a las elecciones presidenciales y durante dicha contienda cometer toda clase de improperios  contra el pueblo colombiano, tales como realizar manifestaciones públicas en sitios que no están permitidos, posar de víctima ante supuestos atentas en su contra y como si esto fuera poco, tener la desfachatez de descolgar el tricolor patrio e izar la bandera del M-19, mientras con enorme cinismo se compara con Luis Carlos Galán.

Así es apreciado lector que si antes de esta columna usted creía que Gustavo Petro se había desmovilizado, lo notifico que por lo menos mentalmente aún no, su ideario revolucionario sigue firme y su obsesión con una Colombia socialista está más vivo que nunca.

@MiguelCetinaC

Publicado: marzo 21 de 2018