Realmente Juan Manuel Santos (JMS) es un hombre muy raro, difícil de definir, diría que su comportamiento es una anomalía de la mente humana desde el punto de vista moral o de la conducta, pero una habilidad desde el punto de vista delincuencial: se codea con la monarquía europea, cena en el palacio de Buckingham con la reina Isabel II, pero hace pactos o tratos con delincuentes, por ejemplo, con Alex Saab o Nicolás Maduro.

Es realmente desconcertante su habilidad para camuflarse. Engañó en su momento al presidente en ejercicio, Álvaro Uribe Vélez para que lo dejara ser su sucesor en la conducción del gobierno de los colombianos, regalándoles sus numerosos y populares votos.

Hace pactos con violadores de niños y narcotraficantes y es capaz de granjearse un Nobel de Paz, posa de comunista, pero tiene vida de aristócrata y burgués. Es realmente un caso muy raro, solo visto en la literatura por el extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, novela escrita del inglés Robert Louis Stevenson, que trata acerca de un abogado que investiga la extraña relación entre su amigo, el Dr. Jekyll, y el misántropo Edward Hyde.

La novela es una representación de un trastorno que hace que una misma persona tenga dos o más identidades con características opuestas entre sí. En la medicina psiquiátrica, este comportamiento hace referencia al trastorno disociativo de la identidad.

Dice un análisis que encontré en internet sobre estos personajes: “Jekyll es un científico que crea una bebida que tiene la capacidad de separar la parte más humana del lado más maléfico de una persona. Cuando Jekyll bebe esta mezcla se convierte en Edward Hyde, un criminal capaz de cualquier atrocidad. Según se cuenta en la novela, en nosotros siempre están el bien y el mal juntos, por eso Hyde, símbolo de todo lo perverso, resulta repugnante a todo aquel que lo ve”.

Quizás lo que lleva a JMS a tener ese comportamiento dual (de contener al mismo tiempo nociones del bien y nociones del mal) es la bebida de su enorme ego descompuesto, o a un trastorno padecido en su infancia. De hecho, JMS tuvo que tratarse una disfemia o tartamudez que no le permitía tener una conversación normal.

Según la medicina o la psicología, la tartamudez o disfemia es un trastorno del habla (no un trastorno del lenguaje) que se caracteriza por interrupciones de la fluidez del habla, bloqueos o espasmos, que se acompañan normalmente de tensión muscular en cara y cuello, miedo y estrés. JMS sigue siendo un hombre de cuidado, muy peligroso cuando se propone algo y que a pesar del fracaso estrepitoso de sus dos períodos presidenciales está muy empoderado por el título de Nobel de Paz de 2016 y por su capacidad de pervertir el orden con la compra de conciencia.

@rodrigueztorice

Publicado: junio 18 de 2020