Era evidente el montaje que desde la corte suprema de justicia se estaba erigiendo en contra del presidente Uribe. El rumor empezó a tomar fuerza antes de la primera vuelta y el pasado 20 de junio, pocos días después de la elección del presidente Iván Duque, surgió una versión en el sentido de que los magistrados Hernández, Barceló y Salazar tenían todo listo para sentar al doctor Álvaro Uribe en el banquillo de los acusados.

No sobra decir que en el Centro Democrático esta información era ampliamente conocida. Distintas fuentes se encargaron de confirmarla, pero un congresista de la misma bancada se encargó de desmentirla, aseverando que los magistrados no estaban detrás del presidente. Lo cierto es que los togados efectivamente tenían la decisión de llevar a Uribe a la cárcel, a pesar de la evidente debilidad probatoria. De hecho, todas y cada una de las evidencias que obran en el expediente, muestran la inocencia y la transparencia en el obrar del expresidente de la República.

Acá hay que concentrarse en lo neurálgico, sin detenerse demasiado tiempo en las evidencias circunstanciales, las cuales son importantes pues sirven para comprobar aún más el talante politiquero y mezquino de los magistrados de la corte que están detrás del presidente Uribe.

Debemos enfocarnos en tres protagonistas fundamentales: el magistrado Luis Antonio Hernández, presidente de la sala penal de la corte suprema de justicia. Ese sujeto, antiguo militante de la extrema izquierda y enemigo enfermizo de Uribe, es el gran promotor de la persecución. Es él quien se ha encargado de ambientar al interior del Palacio de Justicia la decisión de llevar al expresidente a una indagatoria infame. Hernández es quien está pedaleando y motivando a Barceló, quien viene a ser el segundo protagonista de esta tramoya. Ese sujeto gris, de muy poco roce social, solitario y lleno de odio, ha cumplido la tarea de articulador de la farsa. Él es quien ha filtrado pedazos amañados del expediente a periodistas que son claramente enemigos del presidente Uribe, como el columnista Daniel Coronel Castañeda y la beligerante directora de la fábrica de noticias denominada “Noticias Uno”.

El día en que el presidente Uribe fue llamado a indagatoria, Barceló llegó al extremo inaudito de contactar al exministro –subalterno de Vargas Lleras- Luis Felipe Henao para darle cartilla sobre lo que debía decir en el debate del programa radial Hora 20.

La tercera protagonista es la alumna y amiga íntima del infausto Iván Velásquez, la cuestionada magistrada auxiliar Sandra Lucía Yepes Arroyave, la mujer que pusieron a hacer la tarea de manipular los testimonios y armar el embeleco que pretenden mostrar como un expediente judicial.

Al presidente Uribe le hicieron un montaje y de eso no queda la menor duda. Y el gobierno no puede eludir su participación en el mismo. Por ejemplo, la empresa RTVC –antigua Inravisión- no tiene funciones de policía judicial. No se entiende entonces por qué una funcionaria de esa entidad, la izquierdista Tatiana Duplat recibió y manipuló los videos recaudados por la corte suprema con los que se pretende enlodar el buen nombre del señor expresidente Uribe Vélez. Ha trascendido que Duplat hizo esa gestión a espaldas del director de RTVC, José Dangond.

La señora Duplat, cuyas tenencias políticas son de público conocimiento y su odio hacia el presidente Uribe es axiomático, es la persona menos indicada para manejar material probatorio que pretende ser utilizado en contra del exmandatario de los colombianos. Esa mujer debe ser denunciada penalmente y por supuesto condenada.

Vienen tiempos complejos y es cuando más casta, coherencia y verticalidad debe exhibir el uribismo. Acá la ecuación es muy sencilla: la corte suprema, asustada ante una eventual reforma a la justicia está planteándole un desafío al gobierno entrante. Esto es poco más que un chantaje, un brutal chantaje en el que se busca cercenar el margen de maniobra del presidente Iván Duque dándole a entender desde ya que si su gobierno hace la reforma judicial que el país necesita, se procederá contra el presidente Uribe.

Nadie, ni siquiera Damocles, pudo gobernar con una espada pendiendo sobre su cabeza. Por eso, la cuestión es muy sencilla: que la corte cometa todos los abusos y atropellos que quiera, los cuales serán asumidos como potísimas razones para emprender la reforma que desde hace más de 20 años está esperando la rama jurisdiccional.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 31 de 2018