Actitudes amenazantes como la exhibida por el narcoterrorista alias “Jesús Santrich”, luego de que se le reclamara por su abusiva intromisión en el uno de los recintos del Congreso Nacional, son presagio de lo que nos espera con esos bandidos de las Farc, cada día más envalentonados al amparo de la impunidad otorgada por el señor Juan Manuel Santos, si no cortamos de tajo con esta sinvergüencería que está acabando con el país.

Una caterva de agitadores que no han hecho otra cosa que burlarse de las víctimas, incumplir lo acordado y descalificar a quien discrepe o se oponga al esperpento de La Habana, o a cualquiera de los puntos de su implementación, llegando, inclusive, al extremo de amenazar con demandas penales, tal como ocurrió con el Representante a la Cámara señor Eduard Rodríguez.

Episodios desafortunados, fruto de esa insana permisividad manejada por el presidente y sus delegados durante el proceso de conversaciones de paz,  que permitió que los narcoterroristas de las FARC, cometieran toda clase de desmanes y que, una vez firmado el dichoso acuerdo, se pasaran por la faja buena parte (por no decir todo) lo allí estipulado y, sin embargo, se desvivieran luego por concederles un sin número de prebendas y un trato reservado para grandes personajes.

Muestra de lo anterior, fue la manera como procedió el señor Juan Manuel Santos, ante el impase ocurrido en la Comisión Primera de la Cámara  de Representantes, que en vez de hacer un vehemente llamado de atención al bandido alias “Jesús Santrich”, y de exigirle riguroso acatamiento por lo convenido, pidió respeto para con él, porque los colombianos debemos aceptar con humildad a “aquellos que se han salido de su cauce” y “piensan diferente”, en aras de una linda “reconciliación” nacional.

Definitivamente este proceso de paz, por más galardones y aplausos que haya recibido en el extranjero (obviamente, gracias a las mentiras que de él se dicen), es un adefesio mayúsculo. Un vulgar arreglo concebido a partir de engaños para favorecer un puñado de criminales, razón por la cual nunca ha contado ni contará con el beneplácito de la mayoría del pueblo colombiano, tal como se lo hizo saber el 2 de octubre de 2016 y se lo ratificará con creces en las próximas elecciones, cuando elija un Presidente y  un Congreso, que estén del lado de los colombianos y no subordinados a las exigencias de una banda de narcoterroristas.

Colombia tiene que defender su democracia que está seriamente amenazada, de allí que el primer paso que tendrá que dar para volver por esa senda que jamás debió abandonar, será la reestructuración absoluta del entuerto de La Habana.

Porque estamos, tal como dije alguna vez,  igual o quizás peor que en la paradójica Villa de Beodez de la ronda infantil, donde todo, todo es al revés, donde ¡el ratón persigue al gato y el ladrón condena al juez!

@cdetoro

Publicado: octubre 30 de 2017