Los medios tradicionales se han encargado de ensalzar al cabecilla de la banda terrorista Farc, el narcotraficante alias Timochenko, al aplaudir la carta que envió haciendo algunas críticas contra su socio y compinche, el también narcotraficante Iván Márquez, hoy en condición de fugitivo, escondido en quién sabe en qué lugar de Venezuela.

La de Timochenko y Márquez es una pelea de bandidos. No se sabe cuál de los dos tiene más crímenes en su prontuario. La diferencia es que uno -Márquez- está en la clandestinidad y el otro -Timochenko- se pasea libremente por las calles de Colombia, posando de dirigente político.

Los dos son los jefes más peligrosos de las Farc. Ambos tienen cuentas pendientes con la justicia de Colombia y de los Estados Unidos. Por Márquez, el Departamento de Estado ofrece US$2.5 millones de dólares y por Timochenko, US$5 millones. 

El país no quiere ver el espectáculo que está haciendo las Farc. Uno de sus cabecillas desde la clandestinidad lamentándose por haber (supuestamente) entregado las armas y el otro, reivindicando una pretendida voluntad de paz. Habría paz si uno y otro estuvieran sentados en el banquillo de los acusados, recibiendo el castigo judicial que merecen, respondiendo ante sus víctimas, reparándolas con su fabulosa fortuna y garantizando que jamás volverán a aterrorizar al pueblo colombiano. 

El proceso con las Farc quedó pegado con babas, precisamente por la falta de compromisos por parte de la guerrilla. El Estado lo dio todo, a cambio de prácticamente nada. Cero justicia, la entrega de unas armas que nadie vio y cuando correspondió suministrar los bienes para la reparación de las víctimas, se proveyó desde la guerrilla terrorista un inventario lleno de traperos, exprimidores de naranjas, sillas Rimax y uno que otro rollo de papel higiénico. Una miserable burla a la sociedad colombiana.

Tan amplia fue la generosidad de Santos que los bandidos de las Farc creyeron tener licencia infinita para continuar delinquiendo. Por eso, el extraditable alias Jesús Sántrich pudo seguir negociando inmensos alijos de cocaína con representantes del capo mexicano, Rafael Caro Quintero. 

Es imposible creer en un pretendido proceso de paz en el que una fracción de los miembros de la guerrilla se desmovilizaron y otra parte -precisamente la que tiene una mayor capacidad criminal- se quedó en la clandestinidad, presentándose como supuestas “disidencias”. Lo cierto es que las Farc están implementando, una vez más, la nefanda combinación de todas las formas de lucha,con las consecuencias que esa táctica trae consigo.

Ahora que Timochenko ha reaparecido, bueno sería que en vez de redactar cartas estúpidas a sus cómplices, tuviera la valentía de ponerle la cara a los centenares de miles de víctimas de la banda terrorista Farc, con el fin de pedir perdón y reconocer la brutalidad de sus acciones. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 28 de 2019