El pasado 30 de septiembre el país recibió una dolorosa noticia: el cobarde asesinato de 3 policías en el departamento del Cauca. Ellos, irónicamente, estaban encargados de custodiar la zona veredal de Miranda y regresaban allí tras haber llevado a trabajadores sociales, que estaban laborando con los guerrilleros desmovilizados.

El teniente Wilfredo Madrigal Galvis, y los patrulleros Carlos Alfredo Lara Márquez y Juan Narváez Cabrera, perdieron su vida por la onda explosiva de la bomba que activaron cuando la patrulla regresaba a esa zona, y por disparos de fusil. Los autores de este acto infame, cruel y vil, según las investigaciones preliminares de inteligencia militar, fueron disidentes del sexto frente de las Farc en complicidad con miembros del ELN.

Pero, como si este acto no fuera lo suficientemente doloroso y brutal, los asesinos de estos tres hombres se tomaron la tarea de documentar en video, su festín de sangre y muerte. En efecto, en la grabación se puede apreciar el robo de los fusiles, celulares y otros elementos que sustrajeron de la camioneta y de los bolsillos de los Policías.

Es por eso que quiero manifestar toda mi solidaridad y mi sentido pésame a todas las familias de estos héroes. Tengo claro que este crimen no puede quedar en el olvido o engrosando la lista de militares muertos en Colombia. Urge que se lleve ante la justicia a los criminales que adelantaron semejante barbarie, urge que no nos quedemos callados, urge que le exijamos a este Gobierno medidas reales.

¡Es que siento tanto dolor de patria e impotencia! Pero, además, este ataque terrorista nos lleva a cuestionarnos acerca de la famosa paz de Juan Manuel Santos. En serio, ¿esta es su paz, Presidente?

No me cabe la menor duda que este acto cobarde es una clara muestra de la falta de voluntad por parte del ELN, de cumplir con el cese al fuego. Y esto se debe a las constantes concesiones del Gobierno con el terrorismo, lo cual ha permitido que estos grupos busquen presionar políticamente a las autoridades por medio de atentados contra la población civil o la fuerza pública.

Es inadmisible que el Gobierno continúe la negociación con esa organización sin que exista consecuencia alguna. No se puede permitir, como pasó en el marco de los diálogos con las Farc, que se asesinen cientos de Policías y Militares, mientras los criminales dan cátedras de moral en el extranjero ante la prensa internacional y se gestiona su impunidad y participación política.

Como tal, la vida de los miembros de nuestros militares no es una cifra más de los indicadores del Ministerio de Defensa. Por el contrario, la protección de su integridad debe ser una prioridad.  Sin embargo, las únicas acciones del Gobierno son unos pronunciamientos tibios y sosos, ante los medios de comunicación.

Es indudable que estos hechos hacen también dudar de la solidez del proceso de paz con las Farc. Cada vez son más los actos terroristas perpetrados por miembros de las llamadas disidencias de esa organización. Aunque seamos sensatos: ¡son las Farc!, son miembros de las Farc, actúan como las Farc, están en los sitios de presencia histórica de las Farc, y desarrollan los negocios ilícitos de las Farc. Dicho de otro modo: “Blanco es, gallina lo pone, huevo ¿qué será?”.

Finalmente, si el Gobierno pretende que tengan éxito esas negociaciones es necesario, en primer lugar, exigirle al ELN que cese todo tipo de acto criminal. ¡TODO! Y en caso contrario, se deben  suspender los diálogos hasta que se hagan las verificaciones. Así mismo, se debe tener presente que la construcción de la paz no es resultado de un apaciguamiento de las autoridades frente a la criminalidad, sino el resultado de un proceso de sometimiento a la justicia de los máximos responsables de los crímenes atroces y de lesa humanidad. Aunque parece que eso no lo tiene tan claro el presidente Santos.

@Tatacabello

Publicado: octubre 6 2017