Tuve la oportunidad de dar mis primeros pasos en el campo, de despertar con el canto de los toches y las mirlas, de contemplar durante el día el vuelo de las mariposas y de ver surcar el cielo las águilas, los gavilanes y los cernícalos. Y en las noches, escuchar el “currucú” o búho, que se hacía notar después del sonido de los grillos. De divisar las estrellas en el firmamento y de escuchar a mí padre contar historias que después supe que eran fantasías para que nos alcanzara el sueño; no teníamos televisión, tampoco luz eléctrica. Después la escuela veredal, la tiza y el tablero verde, los juegos infantiles sencillos con juguetes artesanales. El uniforme y la ropa, servía de un año para el otro, la que dejaba el de mayor edad la usaba el siguiente. Después, ya no recuerdo, el salto a la  modernidad y el individualismo, la competencia por lo material, el afán por lo nuevo y desechar lo usado así sirviera; el consumismo nos estaba consumiendo.

La pausa obligatoria por la pandemia nos invita a reflexionar. El desarrollo tecnológico que demanda el uso de recursos que atiende al mercado y no a la necesidad ni a la sostenibilidad sino a un esquema de oferta y demanda sobre la necesidad creada a partir del marketing, es la ruta diaria del ser humano. La violencia que se genera en la explotación del coltán no se percibe en la pantalla del celular de la más alta y última tecnología; comunidades enteras se están muriendo por la violencia que genera la explotación y comercialización ilegal de este mineral, que se usa para la elaboración de pantallas, monitores y plasmas.

Nada más absurdo en la loca carrera, que ver la máquina dentada, que en su tolva recibe toda clase de artículos en desuso, que pudiendo ser reparados para continuar su vida, el desarrollo tecnológico y el mercado, interrumpen su ciclo. Se requiere encontrar el equilibrio, que permita la reposición de piezas y componentes, que atiendan a nuevas normas ambientales, sociales y económicas. ¿Para que destruir todo el automóvil, cuando lo que cambia y el avance tecnológico tiene que ver con el motor de combustión y su sistema de inyección?  No existe sobrada razón que justifique destruirlo todo.

En una etapa de mi vida, cuando estaba en la escuela de economía en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja, no encontraba, como no encuentro ahora, la diferencia entre quienes se autoproclaman de izquierda y los que son señalados de derecha. Esa diatriba constante contra el contrario con la pretensión de descalificarlo, sin argumentos, es bueno que cese al menos en estos tiempos y miremos qué somos todos y en qué nos hemos convertido: pasajeros del mismo tren del consumismo y esclavos de la circulación del dinero.

Nadie estaba preparado para este aislamiento por el COVID 19. Ni nuestro Presidente, quien ha manejado muy bien la situación, ni los gobernadores y alcaldes que apenas empiezan sus mandatos. La pandemia nos cogió a mansalva y sobre seguro. El arma nuestra debe ser la solidaridad. Dejemos para otra ocasión, si llega a existir oportunidad, los odios y las inquinas y reconozcamos como único enemigo el virus, porque la humanidad que la integramos todos, esta amenazada. Lamentablemente hay quienes aún no se han dado cuenta.

@AlirioMoreno

Publicado: abril 9 de 2020