La nueva bandera con la rosa, no es lo suficientemente grande para tapar todos los delitos cometidos por las Farc.

Las Farc serán el segundo partido en elmundo que haga parte de la lista de organizaciones terroristas. El otro caso es el de la agrupación libanesa Hezbollah, grupo que ocupa 12 de los 128 escaños del parlamento de aquel país.

Cuando el departamento de Estado de los Estados Unidos estableció la lista de organizaciones terroristas internacionales, en el año de 1997, ésta fue inaugurada con la inclusión de muy pocos grupos, entre los que se encontraban las Farc y Hezbollah.

A partir de ahora, la banda mafiosa fundada por Tirofijo y ahora comandada por alias Timochenko, capo por el que los Estados Unidos ofrece una recompensa de $5 millones de dólares, posará como un partido “legal” de la democracia colombiana.

El problema, que va mucho más allá de si el logo que utilizaron es plagiado o no, es que Colombia tendrá que permitir que personas perseguidas por la justicia universal por su responsabilidad en la comisión de delitos de lesa humanidad y por haber inundado con cocaína las calles de Estados Unidos y de distintos países europeos, ocupen cargos de elección popular, puestos a los que, valga recordar, llegarán sin ninguna representatividad legal, pues las curules les fueron abusivamente regaladas por el gobierno de Santos.

Las Farc, de un momento ha otro, dejaron de ser victimarios para convertirse en víctimas del Estado. Todas las concesiones que les han sido otorgadas están siendo presentadas como una suerte de “reparación”. Las víctimas de esa organización no han sido ni serán reparadas. Los causantes del daño jamás serán sancionados y en el peor de los caso, cosa que difícilmente ocurrirá, serán amonestados verbalmente en la denominada jurisdicción especial de paz que fue diseñada por los sectores más corruptos de la justicia de nuestro país, entre ellos el delincuente Leonidas Bustos.

Cuando las heridas aún no han sanado y las víctimas no salen del estupor que les produce ver a sus victimarios convertidos ilegalmente en actores políticos, la sociedad tiene que soportar que esos facinerosos hagan conciertos multitudinarios en la Plaza de Bolívar. Aquellas manifestaciones no tienden puentes hacia la reconciliación. Antes bien, crispan aún más los ánimos y se constituyen en factores de desunión.

Pero a las Farc, en su infinito cinismo, ninguna crítica les hace mella. Se sienten omnipotentes e intocables por cuenta del acuerdo que Santos les firmó. No les importa que el pueblo mayoritariamente haya votado en contra del mismo en el plebiscito del pasado 2 de octubre. La democracia, para esos delincuentes, es un estorbo. Cuando el veredicto popular no se ajuste a sus exigencias, simple y llanamente debe ser desconocido.

Por ese tipo de actitudes es que han ocupado, ocupan y seguirán ocupando un lugar destacado en la lista de grupos terroristas del departamento de Estado.

Sus fotografías en las que aparecen abrazados con el cuestionado Ernesto Samper –considerado como un aliado de la mafia por los Estados Unidos-, no servirán para que el grueso de la opinión pública deje de repudiarlos.

Su nueva bandera con el emblema de la rosa, no es los suficientemente grande como para que alcance a tapar todos los crímenes y atrocidades que cometieron durante los últimos 60 años.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 4 de 2017