Me contaron que siendo un niño, en una de sus visitas a sus parientes a Tono en las islas del Rosario en Cartagena, el presidente Duque mientras dormía, un abanico accidentalmente se desprendió del techo, le cayó encima del pecho y este muy orondo no solo no se inmutó, sino que lo apartó hacia un lado y siguió profundo en su sueño.

Este simple suceso muestra de manera sencilla el talante y la férrea e inmutable emocionalidad del presidente Iván Duque. Entre más lo atacan, los hechos de sus grandes realizaciones lo defienden, y no logran descomponerlo ni alterarlo, sino que los ataques como un boomerang se le devuelven a la desenfrenada oposición irreflexiva. Pero sobre todo deja cada vez más claro no solo las incoherencias de la oposición, sino los desafueros de la administración Santos, los que cada vez más parecen una caja de Pandora, de la que solo emanan obscenidades; donde cada una es más inmunda que la otra.

El presidente con pasmosa emocionalidad dirige de manera acertada y como no se veía desde hace tiempos los destinos de la nación. Con tal pulcritud que todos celebramos el regreso de un gobierno decente, lejos de los avatares y los intríngulis del gobierno pasado. Donde los medios de comunicación cayeron al más bajo nivel del que se tenga referencia en la historia del periodismo nacional. Tanto que el epitome del gran periodismo colombiano, Juan Gossain siente vergüenza ajena. Santos con el presupuesto nacional prostituyó todo cuanto tocó y fuera objeto de sus nefastos propósitos. Y si alguien entre los medios de comunicación salió perjudicado y con el prestigio por el suelo, fue la radio nacional y su Julio Sánchez Cristo.

Los indicadores en todos los aspectos de este magnífico gobierno son halagüeños y hasta el presidente Trump, nuestro gran socio,  expresa su admiración por la manera tan acertado como dirige a los colombianos.

El gobierno del presidente Duque no solo registra el mayor crecimiento en los últimos siete años sino que entrega el menor déficit fiscal de la última década. Además de realizar cientos de obras inconclusas que dejó el gobierno Santos y los gobiernos anteriores, como el imposible de realizar el Túnel de la Línea y las abandonadas y cacareadas vías cuatro G.

Como también acertadísima la disminución, el ataque frontal y denodado contra el narcotráfico y los cultivos de coca que tanto protege el Acuerdo de La Habana. Tanto que ya se reiniciarán las fumigaciones aéreas con glifosato para llegar a la extinción de 180.000 hectáreas de coca, y que en el próximo cuatrienio en el que se debe hacer todo lo posible para reelegirlo quede finalmente extinguidos y el suelo patrio despejado y libre de coca.

Duque con su estilo reposado, tan transparente como efectivo lo que nos pide es que lo reelijamos para otros cuatro años.

@rodrigueztorice

Publicado: febrero 27 de 2020