Una marcha es la fase primera del descontento general de un pueblo. La movilización de personas marchando es la forma más elemental de la voluntad de una nación hastiada de ser mal gobernada. Pero ¿para qué sirven, tienen algún efecto real?

Históricamente las marchas más famosas fueron la del 14 de julio de 1.789 y la del 25 de Octubre 1.917, marchas multitudinarias  que funcionaron y fueron eficaces, que se hastiaron de ser pacificas, porque hubo una toma o asalto militar de los marchantes a la Bastilla en Paris y al Palacio de Inverno en San Petersburgo respectivamente. Estos actos aunque violentos fueron fundamentales para lograr el propósito de ambas. Lastimosamente sino hubieran ocurrido así no hubieran sido tan efectivas.

El pueblo venezolano ha realizado muchas marchas multitudinarias sin efecto alguno. No solo se han “pasado por la faja” todas las realizadas, sino que las han disipado con suma violencia por el gobierno de Nicolás Maduro.

Me pregunto; ¿Quién le teme a una marcha pacífica y civilizada? ¿Acaso habría que actuar de otra manera? Sobre todo que como sucedió con la marcha del 1 de Abril de 2017, fue maquillada, editada, tergiversada y desaparecida por los medios de comunicación. Si la marcha hubiese registrado desmanes o actos violentos la posibilidad de obviarlas hubiera sido imposible. Parece que los “medios” con esta actitud están invitando tácitamente a la violencia. ¿Acaso tiene que haber violencia para se registren los sucesos? ¿Será que tiene que haber una acción ciudadana que lleve a actos más radicalizados, que pasen de la desobediencia civil a la acción directa? ¿Será que con el inicio de una serie de huelgas y paros que suspendan el aparato productivo e interrumpan el normal funcionamiento de los tres poderes públicos, se pueda llamar la atención del gobierno?

Hay que en todo caso poner a temblar el orden superior, y si es necesario para ello, alterar o poner en crisis ese orden, habrá que hacerlo, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados viendo pasar tantos desmanes y recibiendo los marchantes la burla del gobierno Santos, que ni siquiera se ha dignado hablar una palabra de ella, como si no hubiera existido. Ya lo hizo con el plebiscito que se podría decir equivale a 10 marchas.

Quizá no haga falta radicalizarse tanto y tener paciencia y templanza para aguantar con estoicismo tanto desafuero. Y concebir otra manera, cuyo método real y eficaz serian las elecciones del 2018, donde habrá que recuperar el orden perdido. Por lo pronto propongo como se hizo el 14 de julio de 1.789 en Paris, para la toma de la Bastilla, en la revolución Francesa, que la próxima marcha sea una procesión fúnebre, muy funesta, con banderas negras, camisetas negras, paraguas negros y el cajón negro del gobierno Santos presidiendo el cortejo.

@rodrigueztorice

Publicado: abril 13 de 2017