Parecería que el mundo está al revés y la ONU el organismo que reúne a las naciones no puede hacer mayor cosa, ante los desafueros que cometen algunos líderes mundiales, sobre todo en Medio Oriente y en nuestra América Latina. Y no hace nada porque dentro de sus principios esta él no inmiscuirse en las decisiones soberanas de los países miembros, es decir los países hacen políticamente los que les da la gana.

Pareciera que la ONU es solo un fortín burocrático que no sirve para nada y que no resuelve los temas álgidos que viven algunos naciones, por ejemplo como Venezuela, donde existe un solo poder político, unificado en un presidente- dictador, gobernando a un pueblo que se muere de hambre, con un aparato productivo paralizado, con la delincuencia desbocada, con los medios de comunicación cooptados, con sus líderes opositores encarcelados y con una aberrante población de niños que se mueren en las salas de parto apenas nacen.

En Cuba los hermanos Castro y su régimen de terror han hecho lo que les ha dado la gana y no existe siquiera un pronunciamiento que contradiga los vejámenes cometido. El Che Guevara, en 1964, se atrevió a decir, con mucha altanería, ante una nutrida asamblea general, que el régimen si fusilaba y que seguirían haciéndolo porque esa era la razón de ser de la revolución cubana.

En Colombia Juan Manuel Santos con su manejo mediático del Estado, como si una nación se pudiera gobernar solo a través de la televisión, ha venido vendiendo al mundo la idea que el acuerdo de La Habana traería la paz a Colombia y que la guerra en nuestro país ha terminado. Nada más irreal, en una nación con altos índices de violencia, con una pujante industria de la cocaína, con altísimos niveles de corrupción, en un Estado casi fallido porque los tres poderes políticos han sido prácticamente unificados en uno solo; el del Presidente. Quien usando los recursos públicos como si fuera dinero de su peculio, no solo ha sumido a las arcas nacionales en un gran déficit fiscal, sino que le puso precio a las instituciones. Acuerdo de paz, cuyo efecto lograra conseguir todo lo contrario; el surgir de los temidos ejércitos paramilitares, que ya vienen apareciendo en distintas zonas del país. Lo que podría generar una verdadera guerra.

Pero ya firmado el acuerdo y el Plebiscito ganado por el inminente fraude electoral que se avecina, la cosa se pondrá “color de hormiga”, porque ya hay movilización de la inversión hacia otros países vecinos, el desempleo aumentara como viene haciéndolo, y la nueva guerra en el campo traería desabastecimiento poniendo en ascuas la seguridad alimentaria.

Mientras tanto la ONU, impávidas, ven desde la frontera, sentados en sus mullidos salones y en sus aclimatadas oficinas de vidrio, llenas de burócratas, el desastre del que han sido cómplices, y como siempre, como Pilatos, se lavara las manos.

 

@rodrigueztorice