El título de esta columna corresponde a una campaña que busca concientizar a los promotores del plebiscito, para que se salgan de la línea de polarización en que se han involucrado y traten de argumentar sus posiciones sin caer en la desvalorización y menosprecio por la opinión del otro. Hemos visto cómo se han radicalizado posturas que con instinto y emotividad desde el interior personal de cada quien, pretende imponer su visión al otro, sin más elemento argumentativo de convencimiento, que el falaz de estar con la guerra o con la paz.

La paz estable y duradera será construida entre todos los colombianos. Con los que participen en el plebiscito y con los que se abstengan de hacerlo. Se necesitará del concurso de quienes como promotores impulsen el SÍ y el NO. No puede interpretarse el mecanismo de participación al que estamos convocados los colombianos el próximo 2 de octubre, como un escenario de refrendación o negación del derecho a la paz. Ese derecho está contemplado además como deber de obligatorio cumplimiento en el artículo 22° de la Constitución Política de Colombia y no vamos a ir a un episodio refrendatario para mantenerlo o retirarlo del ordenamiento jurídico constitucional. Independientemente del escrutinio del 2 de octubre, la paz se mantendrá vigente como derecho y como deber de rango constitucional triunfe el SÍ o el NO.

Estratégicamente para reorganizar la política en Colombia y la participación del poder político, resulta llamativo e interesante el debate del plebiscito, que tal y como lo han orientado la mayoría de medios de comunicación, pretende agrupar dos tendencias mayoritarias de ciudadanos en torno a convencimientos ideológicos y eso puede dar un buen resultado en la medida en que no se abran heridas de difícil y hasta imposible cicatrización.

Con los acuerdos de paz que ha suscrito el gobierno del presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla de las FARC-EP, de entrada gana esa organización política armada porque hará tránsito hacia un nuevo partido político con unas garantías excepcionales que le permitirá hacer campaña para crecer electoralmente, manteniendo segura una participación por varios periodos a través de unas curules de elección directa que no dependerán del voto ciudadano. Gana también el partido Liberal porque reagrupa a sus líderes y a su militancia aprovechando de paso, que el partido de gobierno la U se confunda en él, junto a otros partidos pequeños que podrán correr igual suerte. Otro ganador será el expresidente y Senador Álvaro Uribe Vélez quien alrededor de la campaña del no, está –solo- apartado de la clase política tradicional, logrando que cualquier resultado sea su principal capital. Uribe hace una pedagogía tan importante, que le permitirá reorganizar los cuadros del Centro Democrático y prepararse para la contienda electoral de 2018. Después de esta coyuntura, vendrá el verdadero juego de póker en el que el vicepresidente Germán Vargas Lleras definirá si juega de trébol, corazón, pica o diamante, o si se convierte en el Jolly que como carta, le dispute al partido de las FARC-EP la presidencia de Colombia. La salud del vicepresidente Vargas Lleras ha mejorado. Entre tanto el partido Conservador perdió la oportunidad de reinventarse en el plebiscito y algunas organizaciones políticas pequeñas se quedaron cortas en no hacer una propuesta diferencial que les permitiera el derecho de ser. Del plebiscito debe quedar un profundo respeto por la democracia y por la opinión del otro para no perder instantes de esfuerzo para el perdón y la reconciliación. Colombia y los colombianos no merecemos una polarización que nos conduzca por atajos como los que estamos tratando de superar después del enfrentamiento fratricida desde 1948.

 

@AlirioMoreno