Hay un vocablo de raíces griegas de poco uso en el español, pero que encaja perfectamente para esquematizar la escena en la que recientemente participó el expresidente Juan Manuel Santos.

Oxímoron, sustantivo que, de acuerdo con la Real Academia Española significa, “combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador”.

Luz oscura, instante eterno, fuego helado, son ejemplos de oxímoron como también lo puede ser la combinación “Santos y comisión de la verdad”.

No es retórico ni hiperbólico afirmar que Juan Manuel Santos, un traidor y tramposo redomado es, sin lugar a dudas un mentiroso enfermizo, incapaz de sostener una misma posición o versión por más de unos minutos.

Es un prestidigitador que ha hecho de la mentira un modo de vida y un camino en su vida pública.

Algunos políticos son incoherentes, se contradicen, dan vueltas, hacen alianzas, traicionan a sus viejos compañeros. En fin, la sed de poder los lleva a hacer cosas impensables.

Santos claramente es muestra de ese tipo de personas. Maestro en la perfidia, fullero, tramoyero, perseguidor y fabricador de intrigas y complots. 

Bien vale la pena recordar cómo resolvió convertirse en uribista, en el año 2005.

Venía de ser codirector del partido liberal. En 2002, trató de ser precandidato de ese partido, pero su nombre no despertó ningún interés. Santos, por sus dificultades de comunicación verbal y por su temperamento, es un sujeto sin carisma ninguno.

A comienzos de siglo, hizo una mala traducción e interpretación del cuestionado libro The Third Way -La Tercera Vía- del desacreditado profesor Anthony Giddens. En 2005, al enterarse de que el presidente Uribe haría una visita oficial al Reino Unido, se lagarteó su inclusión en la delegación. Su propósito: entregarle copia de su libro al entonces primer ministro británico Tony Blair y acercarse al primer mandatario colombiano.

A raíz de ese viaje se hizo inevitable su ingreso al uribismo. Vino la campaña de 2006, donde nació el partido de La U. Santos, junto a su aliado político de siempre, el fallecido Luis Guillermo Vélez, se encargó de sentar las bases de la colectividad que impulsaría la imparable reelección de Uribe.

La victoria en primera vuelta fue aplastante. Uribe, generosamente, lo invitó para  que se integrara a su gabinete. Ahí, hay que decirlo, el expresidente cometió el peor error de su vida. Desoyó a quienes que desde entonces le advirtieron sobre la naturaleza tramposa y canalla de quien terminó siendo ministro de Defensa durante su segundo mandato.

Si hay un “falso positivo” del que Uribe es culpable y por el que debe ser criticado, es el haber abierto las puertas de su gobierno a un estafador político de la talla de Juan Manuel Santos.

Volviendo al oxímoron, no deja de generar inquietud el hecho de que un campeón de la mentira sea oído en una entidad que lleva el nombre de Comisión de la Verdad y que a lo dicho por él se le dé el menor crédito.

Nadie puede negar la existencia de los denominados “falsos positivos”. Esos crímenes, que efectivamente ocurrieron, son una mácula que manchará por siempre el honor de la Fuerza Pública. Pero no fueron, ni mucho menos, el resultado de una política ni de una orden impartida por los máximos jerarcas de las FF.MM.

Santos, que es un enfermo mental, dejó entrever en su intervención ante la Comisión de la Verdad que el presidente Uribe tuvo responsabilidad en dichos delitos. Sibilino y canalla, no lo dijo de frente. Como siempre, actuó por los lados, como una serpiente venenosa y traicionera, cuidándose de mostrarse como un hombre impecable que se mantuvo al margen de unas supuestas políticas gubernamentales de “tierra arrasada”.

Los hechos y las evidencias desmienten a Santos. El país sabe que él es un truhan. Por eso, quienes tomaron nota de lo dicho ante la dichosa comisión deben saber que perdieron dos horas de su tiempo oyendo a un farsante que no duda un instante en derramar falsas lágrimas para tratar de darle algo de credibilidad a su testimonio.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 14 de 2021