En menos de ocho días, la justicia ha desmontado dos de los tinglados que montó contra el uribismo el corrupto exfiscal Eduardo Montealegre: la fábula del hacker con la que enredó a Oscar Iván Zuluaga para ayudar a que Santos se pudiera robar las elecciones de 2014 y el proceso carente de pruebas contra Cesar Mauricio Velásquez y Edmundo del Castillo, por su supuesta participación en las tales chuzadas del DAS. 

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Durante 13 años, Velásquez y del Castillo, secretario de prensa y secretario jurídico del gobierno Uribe, estuvieron enredados judicialmente por un proceso que solo existió en la turbia y corrupta imaginación de Montealegre. 

Tan pronto estalló el escándalo de las fantasiosas chuzadas del DAS, esos dos funcionarios fueron investigados por una reunión que tuvo lugar en la Casa de Nariño con el abogado de alias Don Berna, Diego Álvarez quien pidió una cita para transmitir algo que él aseguraba era de suma urgencia: la entrega de una información en el sentido de que aparentemente la corte suprema estaba ofreciendo beneficios judiciales a los paramilitares que mintieran contra el presidente Uribe.

Aquello no pasó de ser un simple rumor, pues Álvarez no llevó ninguna prueba y la persona que según él tenía los detalles del complot, hasta el sol de hoy no ha aparecido. 

Dicha reunión, en la que Edmundo del Castillo y Cesar Mauricio Velásquez oyeron a Álvarez y a su acompañante -un sujeto conocido en el bajo mundo con el alias de Job- sirvió para que los opositores al gobierno de Uribe y un grupo importante de periodistas -también enemigos del exmandatario- armaran una fábula que desembocó en la apertura de la investigación penal contra los dos funcionarios. 

El proceso en principio fue archivado. La razón: no existía indicio alguno de que Velásquez y Del Castillo hubieran cometido algún delito. 

Puro sentido común: las reuniones no son conductas típicas, antijurídicas ni culpables. 

Pero un día cualquiera, sin más ni más, Montealegre anunció a los cuatro vientos que su fiscalía haría la imputación contra esos dos ciudadanos que, literalmente, cayeron en desgracia por su otrora vinculación con el gobierno de la Seguridad Democrática. 

Como bien lo ha dicho del Castillo en sus primeras declaraciones luego de que un juez de la República despachara la absolución a favor suya: el exfiscal Montealegre es un sujeto peligroso, dañino y lagarto.

Era un sicario judicial al servicio de Santos cuya voluntad siempre ha sido la de eliminar al uribismo al precio que sea. Y para ello se echó mano de la administración de justicia. Montealegre fue el indicado para hacer el trabajo sucio. Así como Stalin tuvo a Lavrentiy Beria como su jefe de “asuntos internos” para liquidar a sus malquerientes, Juan Manuel Santos contó con Montealegre cuyo parecido moral y físico con Beria produce escalofríos.

No puede nadie alegrarse por el hecho de que la injusticia contra Velásquez y del Castillo haya culminado. Aquello significaría otorgarle un mínimo de legitimidad a esa maligna farsa que dejará secuelas permanentes en esas dos personas honorables cuyo único pecado en la vida ha sido trabajar con ahínco y compromiso por el país. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 15 de 2021